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Oscar Sánchez Juárez ha prendido sus veladoras. Confiado está en que el Comité Ejecutivo Nacional del PAN no tuvo argumentos jurídicos para anular la elección en que salió ungido como dirigente estatal del blanquiazul mexiquense. Lo que pesó más en las decisiones del panismo fueron los motivos políticos por encima de las pruebas legales. No hay una probanza de un fraude o de la compra de votos en los muy controvertidos comicios en los que Sánchez se impuso por un solo sufragio a Jorge Inzunza.

En caso de que los órganos jurisdiccionales den para atrás a la elección de Oscar Sánchez, la única salida que tiene el declarado admirador de Hitler, es llevar la elección hacia la militancia –como recién lo aprobó el mismo CEN panista-. Para el pupilo de Ulises Ramírez, competir en comicios entre puros consejeros, sería un suicidio por la animadversión ahí generada. Por lo mismo, Oscar se aferra a su escritorio y ha puesto en duda competir en una nueva elección.

En contraparte, Jorge Inzunza ya levantó la mano, y se dijo listo, para de nueva cuenta buscar la dirigencia estatal del PAN. Jorge cuenta con el apoyo de los sectores más duros del panismo. Luis Felipe Bravo Mena, José Luis Durán, Francisco Gárate y Juan Carlos Núñez han decidido cerrarle el paso al Grupo Tlalnepantla. Inzunza irá por la revancha, y lo que parece inevitable es la crispación política entre ambos grupos que disputan las ruinas del partido que perdió el año pasado la Presidencia de la República.

No debe pasar por alto, que hay una militante que puede ser punto de inflexión en la futura elección panista. Radicada en Huixquilucan –de donde son originarios Sánchez e Inzunza- la ex candidata presidencial Josefina Vázquez Mota, podría tirar directrices que le permitan soñar con la presidencia nacional del panismo, que pretende arrebatar del control maderista y de la intentona calderonista de permanecer en el poder.

Los resultados por ahora, son desastrosos para los panistas, que no ocultan las fracturas al interior de la bancada legislativa. A pesar de que Ulises Ramírez es el coordinador, no es por ahora un interlocutor que garantice consensos suficientes. El ex priísta, es presa de su propia soberbia y la marginación que ha emprendido desde hace un sexenio, en que se erigió como líder de facto del panismo mexiquense. Sin embargo, a la muerte de su gran jerarca Juan Camilo Mouriño, Ulises siempre quedó en la orfandad.

El pronóstico, al final de cuentas, es reservado. Nadie se atreve a vaticinar la determinación del Tribunal Electoral. Lo que se advierte en lo inmediato, es una profunda guerra verbal y tuitera entre los simpatizantes de Ulises y sus detractores, para definir desde esa palestra las afinidades que conciten Oscar Sánchez por un lado; y Jorge Inzunza por el otro. El colapso panista podrá agudizarse sin remedio alguno.

 

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