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Toluca, Edomex. 31 de diciembre de 2018.- Hoy concluye la dominancia política del PRI en los municipios. Hasta esta medianoche, el priísmo gobernará 82 municipios, y a partir de mañana quedará reducido en 21 municipios. Estas últimas horas parecen los estertores de un partido que se resiste a morir. Hace casi un año, el PRI entró a terapia intensiva. Compitió en las elecciones pasadas con diagnóstico de enfermedad terminal. A la distancia, no se ve una cura para un partido que ha resentido un desgaste en el poder y un repudio social sin precedentes. El reto para Alfredo Del Mazo resulta abrumador en el futuro.

En la acera de enfrente, Morena es como un recién nacido. Los seguidores del morenaje tienen altas expectativas de transformación. La mala noticia es, por un lado, los expriístas, expanistas y experredistas que aprovecharon la falta de cuadros para vestir piel de cordero, pero que ya como presidentes municipales pueden recaer en las peores prácticas. A partir del primero de enero, los nuevos alcaldes deberán asumir que los tiempos de campañas y promesas han concluido. El ejercicio del  poder en menos de tres años es apremiante.

La buena noticia: Los alcaldes morenistas tienen el respaldo del presidente, López Obrador. También contarán con el arropo de los diputados locales. Además sumarán el apoyo de la súper delegada, Delfina Gómez. Ahí viene la cauda de programas asistenciales. Tendrán un bono político amplio para tomar decisiones. El beneficio de la duda, y la curva de aprendizaje, también juegan a su favor. No hay plazo que no llegue o que no se cumpla.

La mala noticia: Las élites del poder, los cacicazgos locales, los expriístas excluidos y demás grupos de interés, económicos y sociales, buscarán incidir en su gobernanza. Los compromisos políticos podrían atarlos. Los recursos serán limitados. La deuda pública de la última década es insostenible en decenas de municipios. Prometer no empobrece, pero ha llegado el  momento de hacer cuentas y gastar en lo necesario, en lo urgente o en lasa promesas.

El priísmo tiene una honda preocupación: El tiempo que tardará en recuperar el terreno perdido. Para ello, se asumirá desde ya como una oposición política en cada municipio arrebatado. Del Mazo deberá planear la estrategia electoral desde el año que se avecina. Los cambios en su gabinete son inaplazables. Hasta ahora, el gobernador sólo ha pasado un año y medio de mandato repartiendo tarjetas rosas a 100 mil mujeres, en un universo de 12 millones de electores.

El resto de los partidos: PAN, PRD, PVEM y Nueva Alianza podrían estar satisfechos con conservar sus cotos de poder. De milagro no desaparecieron del mapa electoral. Las divisiones internas y su incapacidad para conectar con los votantes los tienen en el colapso político.

Lo cierto es que, su fracaso electoral, a dieciocho años de la primera alternancia presidencial, es una lección permanente para los alcaldes morenistas: no hay victorias permanentes, ni tampoco existen las derrotas para siempre.

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