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Toluca, Edomex; 11 de septiembre de 2019.- Arturo Montiel y Emilio Chuayffet son probablemente dos de las figuras públicas de mayor repulsión por sus excesos y abusos en el ejercicio del poder político. Sin embargo, provocan un efecto contrario cuando reaparecen entre las élites priístas; quienes buscan la anuencia, el arropo, el padrinazgo, el impulso de dos de los exmandatarios más influyentes en la toma de decisiones. Rivales de intrigas palaciegas gozan de profunda aceptación entre quienes les deben su carrera política.

El cónclave de ayer, manda dos señales sustanciales por parte de Alfredo Del Mazo hacia el priísmo mexiquense. En primer lugar, que para la reconstrucción partidista requerirá de los exgobernadores y sus grupos políticos. Si alguien conoce el territorio, los cacicazgos y las “fuerzas vivas” para reagruparse y evitar la desbandada, esos son los exmandatarios estatales. Montiel y Chuayffet siempre mantuvieron distancia con el delmacismo, pero frente a las exigencias electorales de corto plazo habrán de superar sus diferencias.

En segundo sitio, Del Mazo envió a su gabinete en pleno a la reestructuración del priísmo estatal. Ozuna, Sevilla, Darío, Torres, Rescala, Jacob y Eriko son los operadores electorales, y serán responsables del control político priísta. Alfredo está orgulloso de su militancia, y con ello acalla dos rumores sin fundamento: permanecerá en su despacho por seis años, y no tiene en el horizonte renunciar al priísmo por muy buena relación que tenga con la oposición.

Las ausencias también hablan. El círculo cercano delmacista tiene una formación tecnocrática, y no tendrán funciones electoreras. Ayer, en la comisión permanente faltaron Elías, Jarque, Fernández, Díaz Leal, Espeleta y Sarmiento. Ellos trabajan de tiempo completo en el diseño del gobierno, pero no estarán forzados para involucrarse en un partido que no sienten suyo. Una buena señal porque Del Mazo no tendrá un Videgaray ataviado de priísta.

La operación territorial recaerá en gran medida en los diputados federales y locales; así como en los 21 presidentes municipales. Sólo habría que restar de esa lista a Luis Miranda Nava, quien ni siquiera se aparece en San Lázaro. El resto deberá trabajar en su zona de influencia hacia la recuperación electoral. Todos ellos tienen pase automático para convertirse en consejeros políticos estatales a finales del presente mes. Las tareas comienzan ya en noviembre.

La gran incógnita y el morbo de la clase gobernante sigue en el aire: la nueva dirigencia estatal. Alejandra mantiene su veladora encendida por reelegirse. Sevilla no pierde la esperanza. Torres se ha resignado a mantenerse en el DIFEM. Santana muy relegado de las primeras filas. Osornio ha optado por el bajo perfil hasta ser palomeado. Algo prácticamente es seguro; la disciplina obligará a una candidatura única, como en todo y como siempre.

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