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OFF THE RECORD 02-04-2021

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Toluca, Edomex, 2 de abril de 2021.- El Salario Rosa es el programa insignia del gobierno delmacista, pero a lo largo de tres años es un arma de doble filo, y por el universo de impacto social puede ser más perjudicial que benéfico. La oposición lo tilda de un apoyo electorero. El priísmo se queja que sus ejecutores lo reparten entre simpatizantes de oposición. Es muy arriesgado pensar que el capital político y los resultados electorales del priísmo podrían estar sujetos a un programa que llega a 400 mil mujeres, en una población de 17 millones de mexiquenses.

 A esa circunstancia se suma una nueva queja: la falta de pago entre miles de beneficiarias que pudieran salir a votar enojadas si el apoyo no llega antes de la elección de junio próximo. Un asunto más complejo: el próximo domingo inicia la veda electoral, y es probable que el gobierno estatal tenga posibilidad de cumplir con su entrega, pero ya no estará en condiciones de promocionarlo.

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La tentación fue demasiada, y pocos pudieron resistirse. La aplicación de la vacuna ha servido para sacar provecho político de todos los colores y en todos los ámbitos de gobierno. Los más sutiles, alcaldes que recorrieron los módulos de vacunación bajo pretexto de supervisar la estrategia sanitaria. Algunos promoviendo videos o fotografías en sus redes sociales. Y replicando todos los mensajes positivos en torno a la estrategia de vacunación. No hubo excepción.

Los más aventajados ya se volvieron tendencia nacional. En Chimalhuacán, el gobierno Antorchista presumiendo la aplicación de las vacunas como un tema partidista: pintaron bardas con el logotipo del PRI. En Zinacantepec, una lona con la imagen de López Obrador para agradecer las vacunas por parte del alcalde sustituto, Gustavo Vargas. Y en Naucalpan, los brigadistas pidiendo una porra a favor de López Obrador por la inoculación de los adultos mayores. La efervescencia política desbordada por la proximidad electoral en el estado.

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El deporte de las últimas semanas está encaminado en posicionar a distintos actores políticos con sus otrora adversarios. Fotografías van y vienen, de uno y otro bando, bajo la explicación de las alianzas partidistas. Lo que realmente acontece, es un pragmatismo pernicioso en la lucha encarnizada por el poder político, representada por la contienda electoral en marcha. La renuncia de lo ideológico y lo doctrinario entre las ambiciones de la clase gobernante.

En la semana que transcurre, Juan Rodolfo Sánchez se dejó ver con los expanistas Mónica Fragoso y Gerardo Pliego, dos acérrimos detractores de los últimos años incluso cuando los tres pertenecían a la derecha, que han cambiado la casaca blanquiazul por la cachucha morenista, y una futura candidatura.

Ahí también, la excandidata independiente, Teresa Castell -hoy enfundada de panista-, quien ahora pretende convencer al priísta José Luis Velasco Lino y al morenista Ricardo Moreno, para sumarse a su causa y a sus aspiraciones.

Lo que falta por ver, es la piel camaleónica de actores políticos que buscarán acomodar sus intereses personales con quien les ofrezca más prebendas.

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