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Toluca, Edomex; 1 de noviembre de 2019.- Dentro de un mes, los 125 alcaldes deberán rendir su primer informe de gobierno. Sólo un puñado podrá tener una consecución de metas y objetivos. La alternancia electoral en muchos casos ha sido un desastre. La aplanadora morenista significó en decenas de municipios la victoria de personajes improvisados, que han ido de tropiezo en tropiezo. Al interior de sus cabildos, algunos presidentes municipales han acumulado conflictos personales, en detrimento de la gobernabilidad local.

En todos los casos donde los alcaldes morenistas enfrentan escándalos o han detonado el descontento social, hay un común denominador: el abandono de los liderazgos de Morena que los hicieron candidatos hace casi 20 meses. En municipios como Ocoyoacac, Tianguistenco y Zinacantepec, nadie se hace responsable políticamente del desaseo de gobierno. Desde los cálculos políticos de Morena, ya existe una decena de localidades en riesgo de perderse en las elecciones intermedias de 2021. Muy rápido llegó el desencanto.

Algunos sólo saldrán a presumir los programas sociales que impulsa López Obrador, y que han entregado como un anzuelo clientelar entre sus votantes: ahí se enumeran las becas para estudiantes y la inscripción de jóvenes construyendo el futuro. Otros más, sólo han cumplido los compromisos políticos, en abultadas nóminas donde se despilfarran los presupuestos locales.

En los reductos del PRI, PAN y PRD, las cosas no caminan muy distintamente. La única gran diferencia es que, muchos alcaldes tienen experiencia política, y se han dedicado a administrar las inercias de los gobiernos locales. Asumen hasta donde llegan sus capacidades y obligaciones. Cuando la curva de aprendizaje es más corta, se elevan las posibilidades de alcanzar mejores resultados. Desde ahí, algunos alcaldes han logrado una ascendencia y ya apuestan en ampliar su influencia en sus partidos políticos.

Todos los gobiernos municipales enfrentan desafíos semejantes: una deuda pública inagotable; abandono de las comunidades más alejadas; una creciente inseguridad en ciudades rurales y urbanas; una deficiente capacidad recaudatoria y en muchos casos, perfiles profesionales muy limitados. Su margen de maniobra se reduce al desarrollo de obra pública, dotación de servicios públicos y eventos cívicos que les salen muy caros a sus habitantes.

Al principio del año, decenas de alcaldes salieron a denunciar cientos de irregularidades: pasivos impagables, aviadores en nóminas oficiales, obras inexistentes, subejercicios presupuestales, desaparición de bienes muebles. Lo cierto es que, a casi un año de su mandato, a la fecha no existen denuncias formales en contra de sus antecesores, ni en lo administrativo ni en lo penal. Tal parece que en su mayoría, sólo fueron pretextos de su inacción en el corto plazo.

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