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El Manual de Maquiavelo 29-04-2022

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Francisco Ledesma / El madruguete de los destapes

Todo político tiene el legítimo derecho a aspirar a un cargo público, como parte inequívoca de su actividad profesional, lo que sí resulta inaceptable es la permanente distracción en que incurren quienes ocupan una responsabilidad política en su afán por contender en una nueva elección, y alcanzar un despacho superior o paralelo, al encargo para el que previamente ya fueron electos.

En las últimas semanas, al menos tres personajes de la escena política mexiquense han dejado expuesto públicamente su aspiración para suceder al gobernador Alfredo Del Mazo, como si por adelantarse a los tiempos electorales tuvieran mayores posibilidades de alcanzar sus ambiciones personales.

Alejandra del Moral, Ana Lilia Herrera y Enrique Vargas han expresado su deseo personal por alcanzar la candidatura a la gubernatura mexiquense. No son los únicos -aunque algunos de ellos así lo piensen-, pero resulta inevitable pensar que, en esa ecuación, todos destinan parte de su tiempo, de sus recursos y del personal -que reciben salarios de presupuestos públicos-, con el propósito de incidir en su posicionamiento personal y construir una candidatura próxima.

Causalmente -es decir, no es una casualidad- los tres contendieron por un cargo de elección en junio pasado; aunque Alejandra solicitó licencia hace algunas semanas para ser designada secretaria de Desarrollo Social, pero los tres sin excepción -se enrolaron en la competencia de 2021- con la aspiración de mantenerse activos, y desde esa posición auspiciar sus intereses personales.

Es decir, Del Moral, Herrera y Vargas, buscaron un cargo de elección con la pretensión de construir una ascendencia política lo suficientemente clara que les permitiera sostener una aspiración futura: la elección del 2023.

Por encima de la agenda legislativa del priísmo nacional; o del panismo estatal; lo más visible es su ambición por conquistar un nuevo encargo. El destape adelantado, debería ser causa obligada para separarse de su despacho público que atienden medianamente, mientras realizan giras, comidas y encuentros partidistas que nada tienen que ver con su responsabilidad legislativa.

Utilizan foros masivos, como los informes de 100 días de alcaldes -en donde se usan recursos públicos- para promover sus plataformas partidistas y personales, lo cual podría incluso catalogarse como un delito electoral.

La agenda legislativa no es prioridad. Dedican horas y horas para construir un discurso desde la otredad que posibilita ser oposición. Es decir, están más ocupados por señalar lo que Morena hace o ha dejado de hacer -aunque nunca haya gobernado el Edomex-, como si se tratara de una batalla electoral anticipada, para impulsar sostenidamente sus aspiraciones personales.

Juegan al subterfugio de una alianza en construcción, para usar los colores del prianismo en sus prendas de vestir, y apostar al madruguete como opción de convertirse en candidato de facto; como antes ya lo hicieron con amagos de renuncia a su despacho en la aspiración fallida del proceso interno pasado.

Irrumpen las reglas, las escritas y las no escritas, de una política encumbrada por las formas de respeto al mandatario en turno, particularmente si se es militante del partido en el poder. Apuestan a la amenaza ecatepense de migrar a otra opción electoral, si el régimen -del dedazo- que tanto les ha otorgado, no termina por decantarse a su favor en la próxima elección.

Su aparición mediática está encaminada en una elección para la que faltan trece meses, sin que haya garantía de aparecer en la boleta. Y hacen que las prioridades de las élites políticas sean las elecciones, y no el ejercicio del gobierno.

La tenebra

Y sí, puede ser que hayan ganado todas, pero ningún encargo lo han concluido por estar siempre pensando en el siguiente. El trapecio, es un mal innecesario e inaceptable.

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