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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / La polarización institucionalizada

Cuando América Latina transita por escenarios de profunda polarización política y una crispada protesta social, en México enfrentamos desafíos de alternancia electoral dentro de un marco institucional, que permite garantizar la gobernabilidad entre las fuerzas políticas y la sociedad civil organizada.

El triunfo y ascenso al poder de Morena, hace casi un año, ha traído consigo una ruptura con el modelo económico neoliberal, que coincidentemente marca el punto de quiebre en el resto del continente, derivado de las brechas de desigualdad social y de gobiernos autoritarios que se han enquistado en el poder.

Afortunadamente, para la incipiente democracia mexicana, pese a las diferencias ideológicas preexistentes y la polarización política que se pregonan las redes sociales y los discursos políticos, se logra distinguir una disputa por el poder público en un esquema de respeto por las leyes y las instituciones del país.

Quienes están en el ejercicio del poder y quienes lanzan críticas desde la oposición, poco a poco han encontrado sus roles como parte de una democracia que ya piensa anticipadamente en las elecciones intermedias de 2021.

Desde esa lógica, Morena pretende legitimar su toma de decisiones y abatir cualquier desgaste de su partido, mediante las conferencias mañaneras, convertido en el mejor instrumento para incidir en la agenda pública, con un presidente López Obrador de amplias resistencias y determinada intolerancia hacia la crítica que se exime sobre su mandato, que está por cumplir un año.

A eso, se debe sumar el margen de maniobra que ejerce Morena desde el Poder Legislativo, en donde impera el control político a través de sus líderes parlamentarios: ya sea Ricardo Monreal o Mario Delgado, que ejercen de su mayoría, lo mismo para imponer a Rosario Piedra en la CNDH, que para avalar como una aplanadora el presupuesto de egresos del año entrante.

En contraparte, el PAN ha encontrado su mejor versión. Un partido que nació como opositor, y que desde ahí siempre ha construido su mejor discurso y ha alcanzado sus mejores resultados. A 19 meses de la elección, se erige en el contrapeso de Morena, y con esa postura construye un proselitismo adelantado.

Consciente de su fuerza disminuida, el panismo apuesta por la estridencia. Los jaloneos en el Senado o el ausentismo en la aprobación presupuestal son una impostura política para hacerse notar en el debate público. El PAN asume sus derrotas políticas en las votaciones legislativas, y ha encontrado en el escándalo la mejor forma de des-legitimar las decisiones del partido en el poder.

En tanto, el priísmo se encuentra desdibujado y titubeante. No alcanza por ser un aliado conciliador ni se proyecta como una oposición confiable. Muy por el contrario, se muestra doblegado como si de fondo existiese el famoso pacto de impunidad, donde el PRI se muestra displicente y avasallado tras la elección.

Peor aún, tampoco queda claro el liderazgo del partido. Alejandro Moreno se ha dedicado a crear cargos para repartirlos entre sus aliados, pero se encuentra absorto cuando se trata de asumir decisiones políticas. Nadie lo toma en cuenta, ni sus legisladores ni sus gobernadores.

En el plano legislativo, ni Osorio Chong ni René Juárez tienen ascendencia, cuando sus bancadas están llenos de aliados a Luis Videgaray y José Antonio Meade, con posturas ideológicamente opuestas e intereses contrarios.

Mientras que los gobernadores han preferido la conciliación y la colaboración, a cambio de evitar revanchas presupuestales o rechiflas en cada evento público que encabeza López Obrador en sus estados. El priísmo naufraga en la indefinición de ideas frente al temor de la venganza política.

Pese a tener una clase gobernante que cada mañana encuentra una nueva discusión política y una causa para dividirse, todo transita en un marco institucional, porque lo prioritario para Morena, PAN y PRI está en las urnas de 2021, cuando cada uno buscará conservar o aumentar sus parcelas de poder.

Que nadie se angustie porque Morena busqué cooptar o invadir a los órganos autónomos porque por esa misma ambición transitaron panistas y priístas con el propósito de legitimar el régimen. La memoria histórica no se equivoca.

Mientras la discusión y el debate público se mantenga en las oficinas y no en las calles, la polarización política siempre será favorable.

La tenebra

La protesta social siempre es legítima. Las razones sociales del grupo de vecinos de La Pilita para oponerse a la Guardia Nacional en el parque del mismo nombre son absolutamente válidas y hasta genuinas. El debate debe ser abierto con el gobierno federal y el ayuntamiento para encontrar alternativas y soluciones.

Lo que no se puede permitir es que Anita, Rodrigo y Carmelita busquen intereses partidistas y personales de una protesta que no les pertenece. Los vecinos piensan en el Parque para las siguientes generaciones, los otros, como cada tres años en las siguientes elecciones.

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