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El Manual de Maquiavelo

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Foto Agencia MVT

Francisco Ledesma / La (in)existencia de la metrópoli

La contingencia ambiental por la que atraviesa el Valle de Toluca sólo ha puesto en evidencia la falta de planeación, ejecución y coordinación de la quinta zona metropolitana más poblada del país, que ha padecido el desdén institucional y la desatención pronunciada de los gobiernos locales durante décadas.

Los problemas atmosféricos que enfrenta la metrópoli toluqueña deja por delante la falta de conceptos sobre quiénes la conforman, cómo se articulan tareas y cuáles son los mecanismos para resolver dificultades comunes.

Por ejemplo, durante años diversas instancias de gobierno no se ponen de acuerdo respecto de la Zona Metropolitana del Valle de Toluca. Para algunos, la conforman 22 municipios y una población de 2.2 millones de personas; para otros, se incluye por 16 municipios y cerca de 1.5 millones de habitantes.

En lo particular, desde las instituciones gubernamentales se distinguen esfuerzos aislados, cuando lo que debiera prevalecer es una serie de políticas públicas transversales, que trascendieran coyunturas de emergencia o conveniencias cortoplacistas sujetas a las aspiraciones políticas de la clase gobernante.

En el sexenio pasado, desapareció de la estructura gubernamental la Secretaría de Desarrollo Metropolitano que se adhirió a la de Desarrollo Urbano. Ante la falta de recursos presupuestales y facultades legales de ejecución, durante su existencia sólo era una oficina gestora de obras regionales o intermunicipales.

Por antonomasia, concentró sus responsabilidades institucionales a su relación con los gobiernos de la Ciudad de México, que en los últimos cuatro sexenios ha estado sujeta a la voluntad política y las aspiraciones electoreras de los gobernantes en turno. Desde la ríspida vinculación entre Montiel y López Obrador, hasta la inoperancia y el menosprecio entre Eruviel y Mancera.

Actualmente, la Subsecretaría de Desarrollo Metropolitano se concentra más en la planeación urbana, y en fortalecer la coordinación entre los gobiernos de Alfredo Del Mazo y Claudia Sheinbaum. Aun cuando se reconocen tres zonas metropolitanas en la entidad, las limitaciones institucionales de dicha dependencia, advierten que la mayor incidencia de su tarea está vinculada a la coordinación gubernamental del Valle de México.

En tanto, la Subsecretaría de Desarrollo Municipal, que depende de la Secretaría General de Gobierno, se reduce a dar un seguimiento técnico de metas intangibles. En una constante evaluación, y desde hace ya algunos años, esta instancia estatal sólo verifica que los ayuntamientos se sumen a tareas como el diseño de acciones para el cumplimiento del Plan Estatal de Desarrollo, que para este sexenio concita a la Agenda 2030.

Por su parte, las Secretarías de Comunicaciones y de Obra Pública, hace mucho que han dejado de ejecutar, o al menos de difundir, acciones de carácter metropolitano que resuelvan obras de infraestructura en materia de vialidades, drenaje, agua potable o tareas mitigatorias interestatales.

Mucho más distantes estamos de atender asuntos metropolitanos en el Valle de Toluca, que se traduzcan en políticas públicas transversales, que involucren a todos los ámbitos de gobierno, y que no sólo sean evocaciones discursivas o tareas inmediatas de atención coyuntural. Se trata de implementar mecanismos legales que obliguen a la coordinación metropolitana más allá de un trienio o un sexenio, para reinvetarse en cada alternancia al poder político.

En materia de seguridad, en tiempo reciente se han implementado operativos conjuntos, que están muy lejos de obtener resultados inmediatos, en tanto que ésta condición ha sido la excepción y no la regla.

En el ámbito municipal, es imprescindible ponderar las capacidades institucionales, humanas y financieras para alcanzar una coordinación metropolitana asequible. No hay parangón entre las condiciones en Toluca y Metepec comparadas con San Antonio la Isla y Rayón, por lo que una eventual zona metropolitana exige de mayores recursos para que los municipios con abismales atrasos puedan correr al ritmo de municipios vecinos.

La gran enseñanza de la contingencia ambiental, es que el Valle de Toluca, avanza muy tarde como una zona metropolitana, con la complejidad de una urbe que no distingue fronteras en los problemas comunes como inseguridad, agua potable, transporte público, vialidades, entre otros.

La tenebra

Es insostenible que los concesionarios del transporte público, que con vehemencia exigen la desaparición de escuelas normales rurales, sean tan omisos frente a la contingencia ambiental, que no sólo les compete sino que además son parte responsable, pero cuya indolencia advierte su resistencia a ser parte de la solución.

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