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El Manual de Maquiavelo 08-01-2021

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Francisco Ledesma / La lección no aprendida

Este sábado, la dirigencia del PRI en el Estado de México oficializará el listado de sus aspirantes a precandidatos a diputados federales, el cual refleja que las élites políticas simplemente no aprendieron la lección de la derrota de hace ya tres años, cuando recibieron un masivo voto de castigo en las urnas.

Desde el pasado lunes, trascendieron los nombres de quienes serán postulados por el priísmo mexiquense, que deja la impresión que el partido con más militantes y en el estado más poblado del país, no rebasa su padrón con más de cien afiliados, en tanto que surgen los personajes que han aparecido en las boletas electorales de manera recurrente durante las últimas dos décadas.

Un elector de Metepec que haya votado consistentemente de 2006 a la fecha, ha visto el nombre de Ana Lilia Herrera en cinco ocasiones de un total de seis elecciones federales o locales que han transcurrido en un plazo de 15 años.

Está claro que la toma de decisiones que ha favorecido y favorece a un puñado de políticos no tiene que ver con una falta de cuadros políticos, pero tras el desastre electoral y la pérdida de votos de los comicios recientes, la reflexión debe ser cuáles son las razones para postular a la misma decena de candidatos que ya han sido diputados federales en dos, tres o más ocasiones.

Lo relevante de esa decisión es que el priísmo apostó no sólo por los nombres de siempre, sino por los métodos de siempre, y los menos democráticos, para elegir a sus precandidatos; y muy seguramente, instrumentará las mismas estrategias electorales de redes clientelares que le funcionaban hace 20 años, pero que a la distancia le ha costado la pérdida del poder público ante su incapacidad de adaptación. Repite los errores más recientes hacia dentro del partido, y hacia afuera con su electorado.

¿Cuál es la justificación para postular a los Cárdenas, los Zarzosa y los Bernal? En su proceso de legitimación brotan dos argumentos: la supuesta probada capacidad para ganar elecciones y su inventada experiencia legislativa para tenerlos en San Lázaro.

Lo cierto es que, su margen de éxito electoral es multifactorial, ya sea por competir en zonas rurales, coyunturas sociales o derroche de recursos y no por una virtud personal; y algunos, pese a su llamada experiencia legislativa poco le aportan al partido y al congreso en materia parlamentaria, en tanto que se dedican más al reparto de dádivas entre sus estructuras clientelares.

Entonces, el método de selección de candidatos está sujeto a las componendas políticas y la imperiosa necesidad de que todos los grupos se sientan representados, particularmente los exgobernadores. Ese discurso se instala en el argumento de que todos los que se sientan marginados se disciplinen, se sumen y apoyen a las campañas electorales que están por iniciar.

Para la próxima, justifican las élites, les tocará a quienes han buscado aparecer en las boletas y no lo han conseguido. Y ese momento nunca llegará, en tanto los aspirantes no tengan la capacidad de interlocución con quienes toman las decisiones, que no son los militantes.

El priísmo ha repetido la dosis, que en algunos momentos le dio triunfos y en fecha reciente se convirtió en fracaso. Si bien no se trata de mandar a personajes sin posicionamiento político, la lección no ha sido aprendida, en tanto que no ha modificado un ápice sus formas. En sus métodos, el PRI también confirma que la renovación se limita a la dinastocracia del poder público, como si la única manera de acceder al poder fuera por herencia familiar.

El desafío conlleva lidiar con el desgaste que enfrenta el priísmo desde hace tres años por su ejercicio en el poder; el mismo partido que se resiste a cambiar, a renovarse y a reinventarse hacia una elección que podría significar el principio del fin.

La tenebra

El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas prometió hace poco más de un año que todos los candidatos a un cargo de elección serían votados por la militancia: mintió.

Los demás partidos no pueden darse golpes de pecho, porque todos, en sus estatutos, en sus militantes y en su democracia interna, llevan un priísta dentro.

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