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El liderazgo político en tiempos de COVID-19

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Juan Carlos Núñez Armas

Con la aparición del COVID-19 el mundo cambió. En los últimos 180 días, al observar el manejo que gobiernos de diversos países han tenido para enfrentar la pandemia, encontramos una amplia gama de respuestas. El primer ejemplo es Estados Unidos -considerado, todavía, entre los países con liderazgo global- se ha convertido en un desastre local, por la dificultad que enfrenta en su sistema de salud, el desempleo que ha generado el distanciamiento social, el racismo que parece más vivo que nunca en diversas ciudades y estados golpeados por la pandemia y los ánimos exacerbados de muchos sectores de la sociedad y todo en el contexto de un proceso electoral harto complicado.

Otro ejemplo es China que, antes del inicio de la pandemia, parecía anunciar su llegada al liderazgo económico mundial. En este país tuvo su origen el virus.  El manejo de los primeros datos que el mundo conoció era fatal por su imprecisión y su aparente intención de ocultar la realidad de un mal sin precedentes. Al paso de los meses China se convirtió en un aliado de muchos países. Como proveedor del sector salud (con suministros y especialistas) ha llegado a ser visto como gran héroe mundial.

Hoy tenemos presente que las herramientas de planeación, que se usaban hasta antes de la pandemia, conocidas por los especialistas en teoría de escenarios como VUCA, (por sus siglas en inglés de volátil, incierta, compleja y ambigua), han quedado rebasadas. Esta pandemia ha transformado este enfoque para dar paso a un instrumento que se llamaría VIICAS -es decir volátil, incierta, inmediata, compleja, acelerada y simultánea- y que se constituye en una de las muchas enseñanzas que nos ha dejado esta crítica situación.

En nuestro país -al margen de los que aprueban o desaprueban el gobierno de Andrés Manuel López Obrador- según el encuestador Mitofsky, destaca el hecho de que cada vez más personas tienen temor a ser infectadas, casi 83%; más aún, quienes tienen temor a morir por COVID-19 son casi el 69 %; adicionalmente, cada día hay más personas que tienen a un conocido que se ha contagiado o ha muerto, 80 % y 60% de los encuestados, respectivamente. En otras palabras, hoy podemos afirmar que la actitud de la población frente a la pandemia es de temor. Independientemente de su preferencia partidista, una gran mayoría tiene miedo.

Respecto al liderazgo político requerido para hacer frente a esta situación, el mundo ha sido testigo del desempeño de los diversos líderes, bien sean mundiales o de los estados subnacionales. Han aflorado las características de los liderazgos y, por ende, son percibidos con mayor o menor capacidad personal para subir su aceptación frente a sus gobernados, de esta manera hoy podemos tener varias conclusiones.

Por ejemplo, María José Canel (Doctora en Comunicación de la Universidad de Navarra) considera que los ciudadanos españoles valoran que su presidente no ha politizado la situación; les gusta que no se aprovecha de la pandemia para enviar mensajes político-partidistas. Un segundo factor, agrega Canel, es que el ciudadano quiere ver a su líder, que está al mando y por eso tiene que hacerse visible. Un tercer factor es la competencia profesional, los ciudadanos aprecian los líderes serios, con capacidad de intervenir cuando sean requeridos, que sean previsores y proactivos. Un cuarto factor es el de la personalidad destacando la integridad, el hacer y decir con coherencia en sus mensajes.

De lo anterior, destaca el hecho de la reputación que antecede a cada líder. Si ya tenían credibilidad en sus mensajes, en la crisis les fue más fácil generar empatía con sus gobernados y encontraron un círculo virtuoso de la colaboración. Generaron gobernanza comunicativa, que se incrementó en las redes sociales, que desplegó diferentes acciones y construyó historias en diferentes contextos. Esto ayudó a muchas más personas a sortear la crisis personal y social que estaban enfrentando.

El liderazgo político quedó a la vista de todos cuando los ciudadanos encontraron los valores personales que conectaron con ellos y generaron empatía frente al dolor de muchas familias, que les transmite confianza, con un mensaje de que “todo irá bien, esto también pasará”.

Los ciudadanos también han sabido apreciar cuando su líder político, para enfrentar la situación de dificultad que vive, es capaz de acercarse a sus adversarios, a los opositores y alcanzar consensos, en búsqueda de apoyos conjuntos. Para los enfermos y sus familias, el liderazgo político se manifiesta cuando una persona consigue de ir más allá de sólo informar y se convierte en comunicador de ideas porque interpreta y transmite sentimientos.

Es también muy apreciado por los ciudadanos que los mensajes se hayan diversificado por canales y tipologías de contenidos -como videos, emisiones en directo, lo mismo en la radio que en la TV y redes sociales, agradecimientos constantes al personal médico, de protección civil y demás colaboradores, incluido a empresas- e incluso transmitir mensajes y respuestas a preguntas online a personas y organizaciones.

El liderazgo político también quedó de manifiesto. El caso de Alemania es ejemplar. Angela Merkel hizo referencia al orgullo del país, apeló a la épica de los alemanes, a la necesidad de remar juntos para salir de la crisis que describió con crudeza “nos enfrentamos al momento más complicado desde la Segunda Guerra Mundial”.

Ha sido también importante que los dirigentes asuman su papel de líderes y gestionen expectativas. Que le hablen a la población de lo que vendrá una vez concluida la pandemia. Ante la incertidumbre de la economía y el temor que genera en los ciudadanos estos requieren que el líder les hable con franqueza, que genere confianza, con palabras que la gente pueda entender, aun cuando los datos pudieran cambiar.

Dicen que toda crisis puede ser vista como una gran oportunidad de mejorar lo que está mal. Si un gobierno había fallado respecto a la expectativa inicial, porque el ejercicio del poder lo había desgastado, el buen manejo de la crisis ofrecía una gran oportunidad de impactar en forma positiva al ciudadano. El buen uso del liderazgo permitió que presidentes municipales y gobernadores -cuando han sabido manejar atinadamente el combate al COVID-19- se vieran recompensados con una mayor aprobación de sus gobernados. Por otro lado, hubo quienes, ante la crisis, respondieron con miedo y pretendieron guardar silencio; no lograron transmitir mensajes y desde luego esto también impactará en la percepción ciudadana.

Y, por cierto, amigo lector, ¿qué percepción tiene usted de su presidente municipal o de sus diputados?, ¿Le ha gustado como han intervenido en favor de su comunidad? Hasta el momento mi pretensión fue dar algunos elementos de las respuestas de los gobiernos frente a la contingencia. Finalmente, sólo constituyen elementos para valorar qué ha hecho un gobierno por los ciudadanos.

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