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Alejandra del Moral, de origen priísta, con derrotas y victorias electorales

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Francisco Ledesma

Toluca, Edomex; 5 de noviembre de 2019.- “Ningún tabasqueño nos va a venir a decir cómo debemos de gobernar”, remachaba una envalentonada Alejandra del Moral, cuando dirigió por primera ocasión al PRI del Estado de México de manera interina. Su frase hacía alusión a Delfina Gómez  Álvarez –candidata a gobernadora en 2017-, a quien consideraba manipulable por el entonces dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Del Moral recorría aquellos municipios en que el proselitismo por la gubernatura, el entonces abanderado priísta, Alfredo Del Mazo no alcanzaría a visitar. Buscaba revisar las estructuras electorales y el trabajo de los delegados del partido que le había heredado Carlos Iriarte, quien había renunciado al priísmo en su fracasado intento por ser candidato a gobernador.

La presidenta del PRI recogía también las inconformidades de la militancia, que se sentía ignorada en la toma de decisiones de la campaña. Del Moral respondía con un lenguaje aguerrido, un discurso campal, para exigir que le pusieran muchas ganas, y demostrarle a Morena, que el estado era un bastión priísta.

El ascenso de Alejandra del Moral a la dirigencia del PRI mexiquense había sido resultado de un acuerdo político entre Del Mazo y Luis Videgaray.

El segundo apenas se había reincorporado al gabinete de Enrique Peña Nieto, quien lo había designado canciller en enero de 2017. Videgaray había dimitido de la Secretaría de Hacienda tras promover la visita del candidato republicano, Donald Trump, en agosto de 2016, con un elevado costo político para el gobierno mexicano.

En un reacomodo de su grupo político, Videgaray pidió para Del Moral la dirigencia priísta. En una reunión en la oficina de José Antonio Meade -titular de Hacienda- convocó a su círculo cercano de origen mexiquense, y les pidió el apoyo político para Del Moral, de cara a la encomienda electoral del estado.

Alejandra del Moral y Raymundo Martínez. Elección delmacista.

En febrero de 2017, Alejandra del Moral rindió protesta como presidenta del PRI estatal en fórmula con Raymundo Martínez. En junio de ese mismo año, se realizó la elección por la gubernatura más competitiva en la historia del Estado de México.

Hacia el mes de mayo de ese año, a través de sus redes sociales, el entonces dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador denunció la injerencia gubernamental en la campaña delmacista. Exhibió un documento de 366 páginas donde se detallaba que altos funcionarios del gobierno federal también fungían como operadores electorales. Se detallaban acciones de movilización electoral en bastiones priístas; así como la desmovilización en regiones morenistas.

Con el paso de los meses, trascendió que dicho documento había sido filtrado desde la oficina de la presidenta de PRI, situación que jamás aclaró su validez ni la responsabilidad de su filtración a la oposición.

El PRI, como partido solitario, alcanzó poco más de un millón 805 mil votos y fue relegado por primera vez en la historia al segundo lugar; superado por Morena con cerca de un millón 870 mil sufragios. Del Moral fracasó en la estrategia priísta para retener la gubernatura mexiquense.

Por fortuna, las alianzas electorales con el Partido Verde, Nueva Alianza y Encuentro Social hicieron posible que Alfredo Del Mazo ganara la elección. Sin los votos de los aliados, el tercero en la dinastía Del Mazo jamás hubiera llegado a la silla del titular del Ejecutivo mexiquense .

Alejandra del Moral e Ismael del Moral (su padre). La cuna tricolor.

El origen priísta

Alejandra del Moral nació en una familia priísta. De acuerdo con su semblanza personal, su primera participación política se dio durante la campaña a la gubernatura del priísta Arturo Montiel Rojas.

Un año más tarde, en su natal Cuautitlán Izcalli, se desempeñó como coordinadora juvenil de la campaña a presidente municipal de su padre, José Ismael del Moral Castro: perdió. Con el efecto Fox, en aquella elección ganó el panista, Fernando Covarrubias Zavala. Con apenas 16 años de edad, aquel 2 de julio de 2000, Del Moral ni siquiera pudo votar por su progenitor.

Cuautitlán Izcalli se consolidó como un bastión del corredor azul entre 1996 y 2009, con las presidencias municipales de Julián Ángulo, Fernando Covarrubias, Alfredo Durán Reveles y Ulises Guzmán.

Sin embargo, en 2006, con 26 años de edad y una de las peores elecciones para el priísmo, Alejandra del Moral se convirtió en candidata a diputada local. Fracasó en contra de la panista, Karla Fiesco, quien venía de ser cuarta regidora y ganó en las urnas durante la elección presidencial de Felipe Calderón Hinojosa.

Con dos derrotas en la cuenta familiar, los Del Moral debieron superar aquel par de episodios de decepción y abrirse paso desde el gobierno estatal. En agosto de 2007, Alejandra fue designada como directora de asuntos internacionales de la Coordinación de Asuntos Internacionales durante el sexenio de Enrique Peña. Fue reemplazada de su encargo siete meses más tarde.

Aguilar y Del Moral. El ascenso político.

En el ámbito partidista, fue nombrada como presidenta de la organización de Mujeres Jóvenes, la cual encabezó entre el 28 de febrero de 2007 y el 19 de febrero de 2010. Allí, conoció a Ricardo Aguilar Castillo, entonces dirigente priísta estatal, con quien sostuvo una relación sentimental. Su carrera política despuntó aceleradamente desde la agrupación de féminas priístas.

En 2009, otra vez regresó a la aventura electoral. Fue nombrada candidata a presidenta municipal, y rescató para la causa priísta la alcaldía de Cuautitlán Izcalli, luego de 13 años de desgaste panista por gobiernos municipales sumidos en escándalos de corrupción.

En los tiempos del peñismo, hizo carrera electoral a su favor. Atrás habían quedado los fracasos de su padre y de ella misma. Sin completar su cargo al frente del Ayuntamiento, compitió por una diputación federal, otra vez por Cuautitlán Izcalli, la cual consiguió durante la elección presidencial de 2012, cuando Peña Nieto se convirtió en presidente de la república.

Desde San Lázaro, Del Moral aprendió suficiente de componendas políticas. La exalcaldesa de Cuautitlán Izcalli fue designada delegada del PRI en Querétaro, entre octubre de 2014 y enero de 2015, por encargo del dirigente nacional priísta, el exgobernador César Camacho Quiroz.

En la precampaña electoral queretana conoció a Paul Ospital, y extraoficialmente operó en los comicios de Querétaro, en las que el priísmo fue apabullado. La gubernatura fue entregada por el priísta José Calzada Rovirosa al panista Francisco Domínguez Servién.

Algunas campañas electorales del PAN estuvieron asesoradas por Juan Pedro García, hoy presidente de la Unidad Revolucionaria del PRI Estado de México.

La relación entre Ospital y Del Moral trascendió las campañas electorales. Alejandra recomendó a Paul con César Camacho, a la postre coordinador de la bancada priísta en San Lázaro, quien lo designó secretario particular.

Ospital y Del Moral contrajeron nupcias en octubre de 2015. Dos años más tarde se divorciaron.

Del Moral. Su paso por Bansefi y su cercanía con Luis Videgaray.

Del Moral logró una cercanía con el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, y antes de concluir su periodo como legisladora, fue nombrada como titular del Banco Nacional de Servicios Financieros (Bansefi), razón por la que tampoco pudo seguir como delegada del PRI en Querétaro.

Sin embargo, otra vez el cargo público le duró muy poco. Apenas un año y ocho meses después, Videgaray la incrustó como parte del gabinete de Eruviel Ávila Villegas -quien pactó políticamente con el secretario de Hacienda-, y determinaron la incursión de Alejandra como secretaria del Trabajo estatal.

Pero la suerte en la administración pública volvió a ser efímera. Ni siquiera cinco meses cumplió en la dependencia laboral. Del Mazo aceptó su incorporación como dirigente estatal del priísmo.

A pesar de la derrota del partido oficial, el gobernador electo rescató a la exdirigente priísta para nombrarla como secretaria de Desarrollo Económico. No obstante, su relación con la administración pública fue fugaz y desapercibida.

César Camacho y Alejandra del Moral. Pagando los “platos rotos”.

El camachismo arropa a Del Moral

Cobijada por el exgobernador César Camacho Quiroz, se convirtió en su compañera de fórmula, para contender por el Senado de la República.

En las paradojas del destino, Alejandra enfrentaría a Delfina Gómez, la misma que un año antes había desestimado con su discurso de batalla electoral.

La campaña de Camacho y Del Moral transitó por el infortunio y la desaprobación del PRI a nivel nacional. “Pagamos los platos que no rompimos”, repetía la candidata a senadora que recorría el Estado de México en busca del voto.

Del Moral se ufana de pertenecer a una “nueva generación de priistas” curtidos en la competencia electoral, y no beneficiarios de la hegemonía del partido único.

El resultado fue demoledor. La fórmula priísta fue relegada al tercer lugar, por lo que ni siquiera el exgobernador mexiquense alcanzó la posición de primera minoría para regresar al Senado de la República, despacho que ya había ocupado durante el sexenio foxista, en cuyos comicios también había perdido.

Cuatro meses después de la derrota electoral, Alejandra del Moral fue electa junto con Ignacio Beltrán García, como presidenta del PRI del Estado de México.

El consenso de los exgobernadores. Montiel y Chuayffet.

En los últimos doce meses, la excandidata a senadora ha impuesto su mano dura y su discurso combativo para poner orden a su estilo.

A principios del año en curso, en una reunión con editores de medios del Estado de México, prometió que el PRI iniciaría un proceso de renovación y aseguró que se usaría el método de consulta a la base para elegir a sus nuevos dirigentes, en todos los niveles. El compromiso lo reiteró el 14 de febrero tras un encuentro con el Grupo Político Estado de México, que encabeza Cuauhtémoc García Ortega, quien asegura competirá contra Del Moral por la dirigencia del partido en el estado.

Del Moral no pudo sostener su promesa. Impuso los acuerdos políticos para renovar las dirigencias de la CNOP, ONMPRI, Mujeres Jóvenes, la Juventud Popular y la Chaviza Revolucionaria con la voluntad política de candidatos únicos.

Luego abrió fallidamente una consulta a la base en la elección de la Vanguardia Juvenil Agrarista y la Red de Jóvenes por México, marcados por candidatos oficiales, e incluso la movilización de votantes para favorecer las fórmulas de la dirigencia.

En el último tramo, renovó los 6 mil 500 comités seccionales, los 125 consejos políticos municipales y 124 comités municipales por el consenso de los grupos políticos locales, y anular de facto cualquier eventual consulta a la base.  Del Moral asegura que “el consenso también es una forma en la que el PRI practica la democracia”.

En sus últimos días como presidenta interina del PRI mexiquense tomó protesta al consejo político estatal, y en la misma sesión, aprobó la asamblea de consejeros políticos como método de selección de la próxima dirigencia, donde se alista su inscripción como candidata de unidad.

Ahora, con una estructura construida por ella misma, se apresta a encabezar, de nueva cuenta al tricolor y rescatar el terreno perdido en los comicios intermedios de 2021, que serán fundamentales para pensar en conservar el poder de la gubernatura dentro de cuatro años.

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