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A falta de previa, la renuncia

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Por Juan Carlos Cartagena Abaurre
¿Que lleva a una persona a renunciar a su trabajo, a su proyecto? Ese mismo que unos días antes le ilusionaba por la cercanía de un logro importante. Es la que pregunta me hacía el domingo mientras trascendía la posible renuncia de Francisco Suinaga a la presidencia de los Diablos. ¿Qué sintió? ¿Qué vio? ¿Qué supo? Un arranque provocado por alguna de esas respuestas lo habría llevado a pensar “hacerse a un lado”. Insisto, retirarse de un sitio que una semana atrás generaba tanta expectativa personal no es una causa simple. Frustración, desesperación, autocritica, decepción; solo él lo sabe.
Lo cierto es que en las espacios oficiales no se leyó nada, en la mesa no estuvo, no hubo reunión de consejo, solo en la opinión pública y seguramente en oídos de Valentín (al final el más importante). Sin embargo no es esa la razón de mi texto, tampoco determinar si es buena o mala la medida, ya que necesitaría conocer más de cómo se sucedieron las cosas. Algo que puedo estar seguro es que al Presidente de los diablos no le hizo gracia darse cuenta que Leo Fernández no apareció ni en la banca en el juego de ida vs Xolos.
En conclusión, creo que Francisco Suinaga sabe que hay muchas cosas que se están haciendo mal, que como cabeza de institución tiene una culpabilidad del paso del equipo (nunca he escuchado que lo niegue), y quiero pensar que pronto hará algo; algo fuerte, para ser congruente con esta determinación.
También creo que en el fondo nunca quiso irse, de lo contrario habría sido irrevocable su renuncia. Interpreto que esta fue la forma de dar un golpe en la mesa, impulsado por colmo de las situaciones que han ido sucediendo en el equipo de una de las aficiones más golpeadas de México en los últimos tiempos: un Toluca que ha perdido protagonismo dramáticamente.
A Francisco Suinaga no le queda más que tomar decisiones, caiga quien caiga, además de cuidarse la espalda, de lo contrario la siguiente podría ser irrevocable.
Por lo pronto, su salida no salvaba el barco, ese ya chocó con un iceberg. Ahora gritemos:  “Sálvese quien pueda… Leo y los canteranos primero”, y no se vería muy bien que el capitán de la nave no se quiera quedar hasta el final del hundimiento. Al fin ya sabe que es lo que se está haciendo mal y por encima de todo debe estar volver a poner en marcha un barco que ha hace 20 años era inhundible.
Gracias por leerme y jugar conmigo.

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