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Una candidatura de unidad… pero sin “cargada” de las élites políticas

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Francisco Ledesma

Toluca, Edomex; 1 de diciembre de 2019.- La cargada nunca llegó. Los vacíos fueron profundos y simbólicos. Desde muy temprano, la militancia fue movilizada desde los bastiones priístas. Antes del mediodía, las huestes tricolores comenzaron a abarrotar la bodega del partido que sirve como centro de capacitación. El estacionamiento se llenó desde muy temprano, mientras autobuses y vehículos buscaban acomodo en terrenos baldíos y calles aledañas.

En el exterior de la sede priísta, los secretarios del partido recibían a los invitados especiales para acompañarlos hasta su lugar asignado. Allí, Elenita Lino, Sergio Mancilla y Omar Olvera, iban y venían del recinto a la calle y al estacionamiento para cumplir con la encomienda asignada.

Adentro se escuchaban porras muy desdibujadas y una espera que se hizo eterna. Una militancia que no conecta, sin pertenencia y por momentos sin identidad. La algarabía se vuelve obligatoria y forzada por las circunstancias.

Quince minutos después de las trece horas, se dio inicio a la asamblea estatal para validar la elección de Alejandra del Moral y Dario Zacarías. En un protocolo estatutario, el presidente provisional Jorge Rojo levantó la votación de más de 400 consejeros registrados en la entrada del inmueble.

Entre los asistentes a la asamblea, estuvieron integrantes del gabinete. El más puntual fue Javier Vargas. A mitad del proceso, Martha Hilda González y Enrique Jacob se sentaron juntos, mientras platicaban por largo tiempo.

Miguel Ángel Torres tomó su lugar, mientras señalaba en broma la barba crecida de Ernesto Nemer, quien lo observaba desde el presídium. Rodrigo Jarque aprovechó para placearse, uno de los más buscados y saludados.

Otros más, Jorge Rescala, Eric Sevilla, Luis Gilberto Limón, Rafael Díaz Leal y Evelyn Osornio.

Y ahí, empezaron los vacíos; no aparecieron Alejandro Fernández, Raymundo Martínez y Gabriel O´Shea.

Se dibujaron las pinceladas del peñismo: Héctor Velasco, en las filas de atrás.

Del eruvielato, los de siempre, José Manzur, cada vez más ignorado; y Aarón Urbina, cobijando a Rocío Díaz Montoya.

Las ausencias de los exgobernadores sentaron precedente: sólo acudieron Ignacio Pichardo, quizá el menos influyente; y Eruviel Ávila, quizá el más distanciado del actual mandatario.

La inasistencia registrada de Montiel, Chuayffet, Camacho, Baranda y Peña.

De los expresidentes, muy pocos: Sixto Noguez, Fernando García Cuevas, Jaime Vázquez y Arturo Ugalde. Los faltantes: Ricardo Aguilar y Carlos Iriarte.

De la legislatura federal acudieron Zarzosa, Roa y Velasco. Sin presencia Laura Barrera y el prófugo de San Lázaro, Luis Miranda Nava.

Del Congreso local tampoco acudió Miguel Sámano. El resto, muy compacto, se agrupó en el ala derecha del recinto priísta.

Los pocos alcaldes segregados de los invitados especiales. Ahí se distinguió a César Serrano y Lizeth Sandoval. El resto, incluido Mario Santana, que hizo berrinche y no felicitó a la nueva dirigencia ni en sus redes sociales, simplemente no apareció.

Concluida la asamblea estatal, se declaró un receso para dar tiempo a la llegada de Alfredo Del Mazo. Y ahí, arribaron los rezagados. Alejandro Ozuna, ocupó un lugar en la primera fila.

Ana Lilia Herrera, a quien le llevaron la lista de registro para evitarle la fatiga de formarse como cualquier militante. Se abstuvo de las porras hacia Alfredo, aunque secundó las del partido. Tan pronto como terminó el evento, se retiró.

Con un retraso de casi una hora, por la gira de López Obrador a Santa Lucía, Del Mazo llegó a la sede del PRI estatal pasadas las 14 horas con 20 minutos. Ya lo esperaban Alejandra del Moral y Dario Zacarías; además de Alejandro Moreno.

Del priísmo nacional también se dieron cita Ismael Hernández Deras -líder de la CNC- y Beatriz Paredes -secretaria regional del partido-; además de Cristina Ruiz, la próxima dirigente de la CNOP.

Entonces vinieron los discursos, los abrazos y los vítores. Alejandra del Moral, Alejandro Moreno y Alfredo Del Mazo hablaron de una renovación priísta, de recuperar la confianza ciudadana y de recobrar las causas sociales.

Sin embargo, el mensaje no conecta con los procesos internos y la toma de decisiones de la cúpula priísta. La candidatura de unidad careció de unanimidad, y las ausencias pesan en el futuro del corto y mediano plazo.

Pese a los vacíos, y a las distancias con los otros exgobernadores, el mensaje de Alejandra no sólo ha sido claro y contundente. Le habla a sus seguidores, pero sobre todo a sus haters: “El priísmo no es de personajes o de grupos por muy importantes que parezcan, la sustancia del priísmo es institucional, el priísmo resurgirá y con mucha fuerza, con nosotros, sin nosotros y a pesar de nosotros, así lo ha hecho en el pasado y así lo seguirá siendo”.

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