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Sesgo de la confirmación

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Juan Carlos Núñez Armas*

Esta semana tuve, en redes sociales, una pequeña discusión con una amiga. Ella aseguraba que había visto un objeto volador, a gran velocidad, que se desplazaba al norte de su comunidad. Mi respuesta de “bote pronto” fue sugerirle que dejara de consumir sustancias alucinógenas. Enseguida, diversos conocidos expresaron su acuerdo o desacuerdo con la existencia de los OVNI.

A partir de este hecho, me asaltó una curiosidad. En el terreno de la política, ¿podría estar sucediendo lo mismo?, es decir, ¿de dónde vienen actualmente nuestras opiniones y creencias?, ¿cuáles son las fuentes que las alimentan? Estoy seguro que muchas personas dirán que sus fuentes son la experiencia o el análisis objetivo de la información. La cuestión es que también en política estamos recibiendo por internet una buena parte de la información. La red de redes ha sustituido a los medios considerados tradicionales, como las redes personales, cuando preguntábamos a algún familiar o vecino sobre tal o cual acontecimiento.

Lectora, lector quisiera en esta oportunidad invitarlos a una reflexión: la importancia de preguntarnos si la fuente a la que recurrimos es la que tiene la información verdadera. Por principio de cuentas estamos inmersos en una intoxicación informativa, también conocida como infoxicación. Mucho de lo que tenemos es desinformación, ocultamiento de datos, verdades a medias o rotundas mentiras. En consecuencia, para creer la información que recibimos, tenemos que hacer uso de nuestros instintos a fin de procesar, discriminar y definir cuál puede ser correcta o incorrecta, en otras palabras, somos guiados por nuestras creencias.

Lo más común es encontrar en las redes sociales muchos ejemplos caracterizados por confrontaciones entre opuestos, por citar un ejemplo “entre chairos y fifís” o más propiamente dicho entre seguidores de AMLO y sus oponentes. Lo mismo sucede en muchos de los ámbitos de la vida social, personas que tienen una concepción de cómo es y cómo funciona el mundo y otras más que lo entienden de forma muy diferente, incluso opuesta.

La psicología maneja un concepto al que se denomina “sesgo de confirmación”. Desde los años 60 del siglo XX el psicólogo Peter Cathcart Wason realizó una serie de experimentos y demostró que las personas tienden, de forma natural, a buscar y encontrar información que confirme sus creencias preexistentes. Así, con nuestra propia visión nos impedimos observar situaciones objetivamente. Esto lleva a que en nuestra vida diaria tomemos decisiones deficientes o defectuosas.

Dicho de otra manera, el sesgo de confirmación consiste en dar más importancia y credibilidad a los datos que encajan con nuestras creencias que aquellos que las contradicen, aunque esa información provenga de fuentes igualmente fundadas. Bajo esta óptica creemos que ideas totalmente discutibles sobre las que muchos pueden opinar son verdades reveladas, son conocimiento puramente objetivo.

Cualquier persona que se identifique a sí misma con ciertos grupos (como el ejemplo mencionado de “chairos y fifís”), encontrará en las fuentes que consulta, especialmente si recurre a las redes sociales, la evidencia que refuerza sus creencias, las noticias que escucha y las lecturas a su alcance también reforzarán este proceso. Por supuesto, lo mismo pasa con los grupos que se pueden considerar opuestos y que se alimentan con otros datos y otra concepción. Cada grupo encontrará inaudita la defensa de las creencias de los otros y tendrá argumentos totalmente contrarios y los defenderá como verdades absolutas.

Podríamos afirmar, “dime qué lees, escuchas o ves y te diré quién eres y cuál es tu tendencia política”. El sesgo de la confirmación afecta la forma en que recopilamos información sobre algún objetivo, el tipo de prensa que leemos, los blogs que visitamos, la cadena de noticias que vemos, las personas con las que nos relacionamos, etc. Así interpretamos las noticias de tal manera que defiendan las ideas que previamente hemos construido y recordaremos más fácilmente aquellas cosas que refuerzan nuestra actitud hacia la vida que hemos preconcebido.

El sesgo de confirmación tiene varias consecuencias según lo establece la psicóloga Martha Guerri. Entre otras:

· Falta de criterio, ver y escuchar aquellas expresiones que sólo encuadran con lo que pensamos y que nos da la razón, desechando los datos que contradicen las cosas con las que no comulgamos. Nos impide tener un concepto de la realidad y los cambios de fondo parecen no gustarnos.

· Buscar información de forma sesgada, para confirmar que nuestras concepciones son correctas, es decir, buscamos información que concuerda con nuestra visión y desechamos la que es contraria. En especial si utilizamos buscadores como “google” que mediante sus algoritmos selecciona por nosotros la información que ya corresponde a ese historial de consultas que concuerda con nuestras conceptualizaciones.

· Tendremos prejuicios, es decir, si tenemos un juicio antes de conocer algo de una fuente primaria entonces estaremos sólo recibiendo información parcial y desvalorizamos los juicios de las personas o comunidades o partidos políticos que difieren de nosotros. Por ejemplo, si creemos que los votos se movilizan mayoritariamente mediante dádivas entonces hasta le preguntamos a los políticos “¿usted que me va a dar?”

· Recuerdos selectivos, recordamos lo que nos conviene, porque benefician nuestros datos y refuerza nuestra historia.

Así, nuestro autoengaño se convierte en una especie de droga para evadir la dura realidad, desechando la dificultad de reunir evidencias y razonar los datos o información con la que contamos que nos lleven a interpretar mejor la verdad de las cosas.

Para hacer frente al sesgo de la confirmación debemos tener presente lo que Aristóteles mencionaba “una mente educada es capaz de entender un pensamiento, sin aceptarlo”. Necesitamos ejercer el poder de la mente, para que las ideas que recibe sean como invitados a la casa, atenderlas con educación y escuchar lo que tienen que decir… aunque no nos caigan bien, podemos entonces descubrir si estábamos equivocados y qué bonito es aprender algo nuevo.

Para combatir el sesgo de la información el escritor y científico de la innovación Gonzalo Álvarez nos propone una guía tipo checklist para utilizarla antes de tomar decisiones importantes:

1. Buscar activamente evidencia que contradiga mis creencias.

2. Buscar más de una hipótesis que en sí mismas sean antagonistas.

3. Dedicar tiempo y atención a los argumentos contrarios antes de desecharlos.

4. No distorsionar la evidencia nueva.

5. No fiarse solamente de la memoria, consultar otras personas y con datos y notas de hechos pasados.

6. Contar con un abogado del diablo, incluso uno mismo, que refute todas y cada una de nuestras afirmaciones.

Conforme avanza el proceso electoral 2020-2021 los partidos políticos y los líderes sociales se aprestan a confrontarse irremediablemente como una forma de interpretar la lucha democrática por el poder. Estoy convencido de que cada uno tratará de descalificar al oponente y presentará pocas propuestas para resolver los problemas de fondo de los ciudadanos. Pero aún, en esa circunstancia, cada ciudadano debe analizar el origen de sus fuentes de información y ser como los innovadores que en todo momento están abiertos al cambio como una característica fundamental para transformar el estado de las cosas públicas.

Un innovador está abierto al cambio y para lograrlo valida sus ideas y las confronta con otros puntos de vista, sabe que incluso fracasando aprende de sus errores. Tiene una fortaleza mental y un corazón inconmensurables porque sabe que aprender lo hace feliz y lo inspira una y otra vez y, finalmente, reconoce a las personas que tienen experiencia y capacidades valiosas para aportar ideas centradas en la verdad. Encontrar el equilibrio entre lo que pensamos y lo que otras personas piensan es todo un reto personal que debemos librar, no hay que tener miedo de escuchar lo que los otros piensan, por contraria que sea su opinión… en una de esas aprendemos más y somos más libres, porque la verdad nos hará libres.

* El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter: @juancarlosMX17

Facebook: Juan Carlos Núñez Armas

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