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Toluca, Edomex. 30 de noviembre de 2018.- Hoy finaliza el sexenio del atlacomulquense Enrique Peña Nieto. A partir de este sábado se hará oficial el éxodo de cientos de mexiquenses, que durante los últimos seis años, trabajaron en distintas dependencias federales. Desde su arranque, el Grupo Atlacomulco acaparó, ascendió e inundó la toma de decisiones de la administración federal. La aventura presidencial culmina con un presidente repudiado. El círculo cercano del peñismo buscará acomodo en el gabinete delmacista.

Al Grupo Atlacomulco le llevó siete décadas conquistar la Presidencia de la República, y apenas un sexenio para dilapidar su capital político. Un priísmo acostumbrado a avasallar elecciones, ahora se encuentra arrinconado. A López Obrador le costó 18 años ganar la Presidencia de México, y dada su apuesta asistencial y la base social de su movimiento, su partido y sus aliados podrían permanecer ahí por largo rato. Mañana sábado, primero de diciembre, Peña Nieto transferirá los poderes a López Obrador.

Cuando Andrés Manuel ya gobernaba la Ciudad de México, Peña Nieto era arropado por su antecesor Arturo Montiel, en su incipiente trayectoria. Doce años más tarde, López Obrador y Enrique se enfrentaron en las elecciones presidenciales. Ganó el mexiquense. El año pasado, el priísta impuso a su delfín Alfredo Del Mazo por encima de Delfina de Andrés Manuel. Segunda victoria de Peña. En la última y más reciente batalla, López Obrador triunfó sobre el peñismo, y arrasó a su candidato, José Antonio Meade.

A la distancia, el mismo Grupo Atlacomulco que abarcó todos los espacios de decisión, tanto en el poder político como económico en los últimos seis años, ahora deberá replegarse al Estado de México. La tierra natal del peñismo será el reducto de la clase gobernante. Regresarán a casa marcados como la élite política más corrupta del país. Desde aquí, buscarán reorganizarse y conservar el poder público que aún conservan. Será momento para repensar en su futuro, y en cómo refundarse como grupo político.

El priísmo mexiquense también lo perdió todo en julio pasado. La hecatombe electoral les arrebató municipios y distritos electorales como nunca antes. El desastre fue tan pronunciado que perdieron hasta el emblemático Atlacomulco. El único refugio será el gobierno delmacista. Lo cierto es que por ahora, la única preocupación del peñismo se concentra en un pacto de impunidad que permita garantizar la seguridad personal y jurídica de quienes hoy terminan su paso por el gobierno federal.

Pese a la defenestración nacional, Enrique Peña se convertirá de facto en el líder político y moral del Grupo Atlacomulco. Cientos de mexiquenses le deben su ascenso político y sus fortunas personales al mandatario que hoy culmina con una página histórica. Él tendrá un margen de maniobra y una abundante toma de decisiones en el futuro inmediato de ese grupo, y eso nadie podrá arrebatárselo. El sueño terminó.

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