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Toluca, Edomex. 29 de mayo de 2019.- El cónclave de Toluca cimbró la contienda interna por la dirigencia nacional priísta. Alejandro Moreno Cárdenas aprovechó para promover un supuesto pacto de unidad en torno a sus aspiraciones futuras. José Narro acusó de recibido, y lo tildó como el candidato oficial y de la cúpula priísta. La aseveración del rector de la UNAM emplaza a los mandatarios estatales a confirmar o negar que en la reunión en la capital mexiquense se hayan acordado asuntos partidistas.

Todo está resuelto para que una vez que pase la jornada electoral del próximo domingo, donde el PRI saldrá como un partido en ruinas, se emita con urgencia la convocatoria para la elección interna. Con las reglas fijadas, vendrán las definiciones, que están muy lejos de concitar a los gobernadores priístas a favor de su homólogo Alejandro Moreno. Todo apunta a que cada mandatario caminará según sus afectos y vínculos políticos. Lo cierto es que, la reunión de Toluca ha tenido una consecuencia: los demonios se soltaron.

Alejandro Moreno, gobernador de Campeche jugó una apuesta de alto riesgo. Desde su oficina de prensa se soltó la especie de que en Toluca recibió el espaldarazo del resto de mandatarios estatales para dirigir al PRI nacional. Con el emplazamiento de Narro, todo apunta a que más de un gobernador niegue o ataje las versiones del cónclave toluqueño. En caso de que Alito reciba el desmentido de sus homólogos, traerá a la memoria priísta aquel desplegado emitido por Arturo Montiel, pagado por algunos célebres comunicadores toluqueños, y que fue rechazado por un puñado de mandatarios.

Resulta ingenuo pensar que José Narro competirá sin apoyos de la Plana Mayor priísta. Desde ahora se puede anticipar que la elección interna será entre dos bandos: el todavía gobernador de Campeche y el exrector de la UNAM. Cada uno con sus trayectorias, partidistas y académicas. Aunque cada uno reniega de las élites políticas, por separado buscan que sean esas definiciones las que posibiliten su triunfo. La consulta a la base requerirá movilización electoral, financiamiento económico y el arropo de la nomenklatura.

El Estado de México será crucial en las decisiones electorales. Aquí, Alfredo Del Mazo simboliza al priísta que gobierna al estado más poblado del país, uno de los últimos bastiones clientelares y reducto de financiamiento partidista. Quien gane la entidad mexiquense, vale doble, como el gol de visitante en el futbol. En eso también influye el intenso trabajo de credencialización que realiza el PRI estatal. El padrón estará renovado y dispuesto a definir la elección nacional.

Lo preocupante es la indefinición en la renovación de la dirigencia estatal priísta, y los deseos reeleccionistas que hay en la estructura interna. Mientras a nivel nacional se espera la convocatoria, y se ha desatado una contienda abierta entre los aspirantes; aquí hay ajustes y designaciones como de una presidenta que piensa quedarse largo rato en su despacho.

Comentarios a contacto@planamayor.com.mx

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