Toluca, Edomex; 15 de abril de 2026.- Desde la trinchera priísta, Carolina Monroy recorrió todos los despachos posibles en el ámbito gubernamental y partidista. Solo le hizo falta ser gobernadora del Edomex; una aspiración siempre presente. Su ascendencia política estuvo cobijada de su carga genética. Sobrina de Alfredo Del Mazo González y Juan Monroy Pérez. Prima de Enrique Peña Nieto. Su renuncia al PRI, no es una anécdota más en el espectro de la entidad. Su salida causó un revuelo mediático que alcanzó la escena nacional.
La llegada de Carolina Monroy a Somos México abre una ventana de oportunidad para cientos de priístas que han sido desplazados por la dirigencia nacional, pero que nunca pondrían un pie en el Morena o el PVEM. Ahora, Carolina Monroy podría convertirse en ese puente de aterrizaje para la clase gobernante. Se trata -por decirle en términos futbolísticos- de un fichaje que podría tener consecuencias en el control político, la operación electoral y la influencia empresarial, en un partido que buscará su registro para la elección de 2027.
El PRI tiene tantos frentes abiertos, que difícilmente encuentra freno a la caída. En el 2000, cuando se perdió la Presidencia de la República, el priísmo se reconstruyó desde la base política, financiera y electoral de los gobernadores. Hoy, el tricolor no sólo carece de esa base gubernamental. Padece una defenestración política, desaprobación electoral y una dirigencia que rechaza la autocrítica. Sí, muy probablemente el 2027, sea una coyuntura de recuperación inercial; pero no producto de sus dirigentes, candidatos u operadores.
El priísmo se fue al despeñadero por tres elementos clave: la implosión de sus élites políticas que disputaban las candidaturas y colapsaron la estructura interna; el desgaste en el poder derivado de una clase política que cometió excesos y abusos en el ejercicio de gobierno; un partido hegemónico que asumió que sus victorias serían para siempre y despreció a la oposición. Y por increíble que parezca, hoy el partido en el gobierno, ha comenzado a dar síntomas de replicar esos errores, en tan sólo dos sexenios de gobierno presidencial.
Restan poco más de trece meses para las elecciones intermedias, pero aún faltan muchas escalas antes de llegar al destino. Ahí, vendrán en el camino, el registro de partidos políticos nuevos, nacionales o locales. Se abre la puerta para que más y más actores políticos resurjan de entre las cenizas y busquen un espacio de postulación. La gran incógnita es: ¿si la ciudadanía requiere de más y más partidos políticos, cuando los dirigentes y sus candidatos siguen siendo los mismos de siempre? En un espacio tan reducido del espectro electoral, ellos quisieran más municipios y diputaciones para repartir el poder público.
