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Toluca, Edomex; 14 de mayo de 2020.- En los primeros meses del año, el gobierno estatal ha tenido que gastar en insumos que no tenía previstos: equipamiento hospitalario, contratación de personal médico, habilitación de espacios públicos y otros egresos emergentes. Y mientras reorienta millones de pesos de sus finanzas, distintas partidas presupuestales se reducirán hasta en un 20 por cientos. Sus oficinas de recaudación se encuentran cerradas y desde hace dos meses el cobro de impuestos locales está suspendida.

Situado en el epicentro del contagio, el resguardo domiciliario va para largo en el Estado de México para contener el brote de COVID-19. Pero la crisis económica ya tiene consecuencias irreversibles. Las empresas, pequeñas y grandes, exigen de volver a la normalidad. Reanudar actividades económicas es improbable porque eso implicaría detonar una movilidad de personas y un riesgo insostenible en los contagios. Lo más desolador son las cifras de casos confirmados y defunciones por coronavirus de las últimas 48 horas.

Autoridades federales y estatales insisten en que los contagios están controlados. A diario, reiteran que la ocupación hospitalaria tiene capacidad para las semanas más difíciles. Lo cierto es que, el personal médico difunde en redes sociales que las camas se han ido saturando exponencialmente en las últimas dos semanas. Por si fuera poco, el pico de la epidemia se anunció para mediados de abril, luego para principios de mayo, ahora para finales de este mes, y hasta la fecha, no se ve la luz al final del túnel. La gente sigue en el espacio público.

Del Mazo afronta además dos realidades en un mismo territorio. Dos de las zonas de mayor contagio en el país se encuentran en el estado: el Valle de México y el Valle de Toluca. Y, por otra parte, dos regiones donde el brote de contagio es casi nulo, en el norte y sur de la entidad. Sin embargo, difícilmente se podrán tomar decisiones aisladas, y las áreas rurales deberán someterse a la reanudación de actividades marcada en las zonas urbanas. En algo hay coincidencia, la economía está casi paralizada y la presión social crece para regresar a la “nueva normalidad”.

Un dato es sustancial. El gobernador deberá asumir acciones junto a la Ciudad de México. La colindancia entre ambos estados impide estrategias distintas. Por fortuna la relación política entre Del Mazo y Sheinbaum es formidable. Sin embargo, la jefa de gobierno tampoco se manda sola y se somete a las decisiones del gobierno federal. Por tanto, los semáforos de reactivación que se instrumenten en el Estado de México no se aprobarán en Toluca ni en el escritorio de Sheinbaum. Serán determinación casi exclusiva de Palacio Nacional.

Y en medio de la desolación, muchos gobiernos municipales han preferido ser omisos en sus responsabilidades institucionales. Ahí también las consecuencias inmediatas serán de impacto económico. Decenas de alcaldes abultaron sus gastos de nómina desde el año pasado, los cuales serán insorteables frente a la reducción de partidas presupuestales. Ahí viene otro impacto negativo a las cifras del desempleo, que oficialmente no podrá ser medible porque sus trabajadores no cotizan ante el IMSS, pero que pegará a la economía de cientos de familias mexiquenses.

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