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Toluca, Edomex. 13 de septiembre de 2018.- Paso a paso, y palmo a palmo, el Grupo Atlacomulco ha ido apoderándose de la toma de decisiones al interior del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, con la dominancia de las élites políticas en las diversas carteras que integran la dirigencia priísta. El fin del sexenio peñista está muy cercano, pero su influencia en las estructuras de su partido marcan una tendencia de largo plazo. Las apuestas, advierten que el año entrante, cuando se renueve la presidencia hoy en manos de Claudia Ruiz Massieu, entrará al relevo algún personaje íntimamente ligado a la clase gobernante mexiquense.

Ayer, fue nombrada Lorena Cruz Sánchez como secretaria general adjunta, tras su fallido intento por convertirse en senadora plurinominal. Lorena, está vinculada plenamente al Grupo Atlacomulco. Su ascenso al poder se dio en el sexenio del exgobernador, Arturo Montiel, quien la nombró directora general del DIF estatal. Ya en el sexenio de Peña Nieto, encabezó el Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social. Con el arribo de Peña a Los Pinos, Cruz Sánchez se convirtió en titular del Instituto Nacional de las Mujeres, con fuertes resistencias de organizaciones sociales feministas. Ahí, permaneció cinco años; y cuando pensaba erigirse en senadora, debió conformarse con un cargo adicional entre la dirigencia nacional priísta.

En la víspera, el CEN priísta también integró a Arnulfo Valdivia Machuca como secretario de Asuntos Internacionales. Su ascenso político fue de la mano del peñismo, como coordinador de Asuntos Internacional del gobierno mexiquense entre 2005 y 2011. Con Peña en Los Pinos, Arnulfo fue designado director el Instituto de los Mexicanos en el Exterior y embajador de México en Colombia. Mientras que Alfonso Camacho Martínez fue nombrado secretario de Comunicación Institucional, aunque originario de Sinaloa, es un hombre vinculado al exgobernador César Camacho Quiroz, de quien ha sido su vocero en distintas responsabilidades públicas.

Ahí también, en el directorio priísta aparece Luis Vega Aguilar, como secretario de Finanzas y Administración. Originario de Mexicali, es uno de los personajes de mayor confianza con Peña Nieto en el manejo de los recursos financieros. Ocupa desde enero de 2013, el mismo cargo que desempeñó en la dirigencia del priísmo mexiquense cuando Enrique era gobernador. Dirigentes van y vienen, campañas transcurren y culminan, pero simplemente Vega parece inamovible. A pesar del ocaso del peñismo, todo apunta a que el titular de Finanzas ahí permanecerá por largo rato, para conveniencia del Grupo Atlacomulco.

Aunque en junio pasado, fue designado Rafael Ranero como secretario de Vinculación con la Sociedad Civil. Originario de Naucalpan, con una trayectoria política acentuada con el todavía inquilino de Los Pinos, ayer fue removido de dicha encomienda, en cuyo lugar fue nombrado Miguel Ángel Castro Reynoso, exalcalde de Tlaquepaque y excandidato a gobernador de Jalisco.

Otros nombramientos destacados en la dirigencia nacional priísta son José Reyes Baeza Terrazas -exgobernador de Chihuahua y exdirector general del ISSSTE-, que será secretario de Acción Electoral; además de Paloma Guillén Vicente -hermana del Subcomandante Marcos- que también fue designada secretaria general adjunta.

En adelante, lo que agilizará la dirigencia nacional priísta será la renovación de las dirigencias estatales, y comenzar el diseño de reconstrucción de un partido que tiene altos niveles de desaprobación y parece tener un desafío inconmensurable para recuperar el terreno perdido de la elección pasada.

 

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