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Toluca, Edomex. 11 de octubre de 2018.- Luego del encuentro entre Andrés Manuel López Obrador y Alfredo Del Mazo, se ha formalizado una relación de ganancia recíproca, en el estado más poblado del país, y por tanto, el de mayor padrón electoral. Las querencias de Andrés Manuel en el último bastión político del priísmo -cuna del Grupo Atlacomulco-, parecen tener su razón de ser, en la base social que aquí se puede construir en el proyecto de largo plazo que ha comenzado a diseñar el primer gobierno morenista. López Obrador es un especialista en la construcción de clientelas electorales, y quién lo dude, basta con voltear a la capital del país para corroborarlo.

Aquí, Andrés Manuel invertirá su mayor presupuesto financiero, pero además su gran capital político. En la medida que el lopezobradorismo pueda asentar con fuerza el clientelismo electoral que reditúan los apoyos asistenciales; entonces, el morenismo tendrá condiciones sociales para prevalecer en el poder presidencial. El proyecto transexenal de López Obrador, para que Morena pueda gobernar al menos dos sexenios, dependerá de afianzar sus estructuras electorales en el centro del país: Ciudad de México y Estado de México, alcanzan en su conjunto el veinte por ciento de los electores.

Aquí, donde reside el enemigo político del morenaje, simbolizado por el priísmo mexiquense, López Obrador buscará vacunarse a partir de mostrarle afectos, y concluir proyectos de infraestructura del peñismo: el Tren de Toluca, un Aeropuerto en el estado, tres universidades públicas y la mayor cantidad de programas sociales para adultos mayores, jóvenes ninis, madres jefas de familia, y otros grupos vulnerables. Los votos que perdió el PRI en el último año, buscarán ser seducidos por los gobiernos de Morena.

Alfredo Del Mazo también gana en el acuerdo político. El gobernador priísta más influyente del país, tendrá recursos presupuestales extraordinarios, que aunque ejecutados por el gobierno federal le permitirán potenciar al Estado de México. Del Mazo inaugurará el Tren; eventualmente las nuevas universidades; y será protagonista del reparto de programas sociales. Simplemente no padecerá limitaciones por fobias políticas de la federación. En su futuro inmediato deberá pensar la reconstrucción del priísmo en ruinas.

El Estado de México podría inaugurar otro sexenio de grandes beneficios políticos, sociales, presupuestales y de infraestructura. Todo apunta a que las componendas del poder, y de la transición Peña Nieto – López Obrador, tendrán impacto favorable para el delmacismo. Con la connivencia del gobierno saliente y el entrante, también se garantiza la seguridad jurídica de Enrique Peña, refugiado en lo personal y en lo político, en su tierra natal. Del Mazo y Andrés Manuel transitan del respeto, a la armonía y al ejercicio del poder compartido.

En una relación de conveniencia, dependerá de la habilidad política y la coyuntura social, quien alcanza a capitalizar los proyectos por delante. En tres años, Del Mazo pretende reinventar al priísmo y recuperar el terreno político perdido en alcaldías y diputados. López Obrador, buscará conservar desde el Estado de México, las mayorías legislativas que hoy le dan un absoluto margen de maniobra. En cinco años, la lucha se librará por la gubernatura, en el bastión por antonomasia del PRI nacional; en la antesala de la contienda presidencial, que Morena pretende perpetuar por los próximos doce años.

El escenario del encuentro resultó fúnebre. Lejos quedó la algarabía que encendió la visita de Enrique Peña hace sólo veinte días en el primer informe de Alfredo Del Mazo. Ayer, las caras largas, el aplauso tímido y la frustración de la derrota fueron evidenciadas entre las élites priístas, testigos de la visita de Andrés Manuel a Toluca. Nemer, Ana Lilia, Marcela Velasco, Laura Barrera, ocupando primeras filas, pero pese a su anfitrionía, serán ahora una reducida oposición. En contraparte, Delfina, Higinio, Horacio Duarte, Maurilio, Azucena Cisneros, en la víspera del poder presidencial y de seis años de la algarabía que, hace apenas un sexenio inundaba las emociones atlacomulquenses.

 

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