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Toluca, Edomex. 11 de marzo de 2019.- El PRI quiere renovarse pero con las prácticas de siempre. Recuperar el poder para los políticos de ayer. El priísmo mostró el músculo con la movilización acostumbrada. El acarreo como práctica común de sus clientelas. Los lugares de privilegio para las élites políticas. La militancia, al igual que la prensa, relegada y cercada de los liderazgos. Hasta adelante: Pichardo, Chuayffet, Camacho, Montiel y Eruviel. El Grupo Atlacomulco ya levantó la mano para las elecciones que vienen: las de sus dirigencias y las intermedias. Del Mazo ya entendió su momento y su circunstancia.

En las sillas de enfrente, los círculos políticos reciclados que se aferran a las candidaturas, los cargos y las dirigencias. Las resistencias que impiden los nuevos cuadros, y el ascenso de las fuerzas vivas. Del Mazo puso a su equipo en primera fila: Alejandro Fernández, Rodrigo Jarque y Andrés Massieu. Desplazados, sexenios pasados: Pepe Manzur, Cruz Roa, María Elena Barrera, Marcela Velasco. También hubo lugar para los juniors: Iveth Bernal, Lilia Urbina. Y los que llevan veinte años en el poder público: Sámano, Sevilla, Jacob. Las mismas caras que se impondrán en el futuro.

Los exalcaldes y excandidatos estuvieron convocados. Casi escondidos de la prensa, pero aparecieron en el recorrido delmacista. Fernando Zamora y Herminio Cahue, como símbolos de la derrota anterior pudieron saludar a Del Mazo. Héctor Guevara y José Luis Robles se quedaron con las ganas. Armando Neyra como emblema jurásico, también pasó lista. En primera línea los expresidentes del partido: Nemer -el enemigo número uno del fracaso electoral-, Ricardo Aguilar, García Cuevas y Jaime Vázquez. Sólo faltó Isidro Pastor y Carlos Iriarte, ambos renuentes al ascenso delmacista hace un par de años.

Alfredo se dio tiempo para tomarse la foto con el gabinete priísta. Luego, vino la foto con la veintena de alcaldes tricolores. Y también las minibancadas legislativas tuvieron su momento. Primero con los diputados locales; y después con la fracción federal, donde se coló el único senador priísta, Eruviel. Las fracciones más reducidas, síntoma de la hecatombe y la desgracia política. Ahí, Luis Miranda, otro ausente; aunque en el evento anduvieron Alejandro Ozuna y Jesús Izquierdo, sus alfiles en el gabinete delmacista.

Del Mazo le habló a su militancia. Un discurso de campaña; un mensaje de guerra electoral. Resaltó la identidad de su partido, y la importancia del Estado de México. De oposición pero no de rencor. Alfredo no se confrontará ni por error con Andrés Manuel. Alejandra del Moral sigue con las estridencias y las ocurrencias, como se refiere a López Obrador. La obsesión que la llevó a la derrota, junto a César Camacho, permanece intacta.

Muchos esperaban señales sucesorias. No las hubo. Alfredo espera mayores definiciones por la dirigencia nacional. Asumió ya desde el pasado lunes su liderazgo nacional. Entiende que hay formas políticas que no cambian. Es el primer priísta del estado; pero hay componendas del poder que lo rebasan. La próxima dirigencia estatal será un asunto del próximo presidente nacional y del peñismo que incide y decide. Del Mazo propone y la nomenklatura dispone.

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