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Toluca, Edomex. 08 de mayo de 2019.- Pasan los meses, y la presencia de Delfina Gómez no termina por definirse en su calidad de súper delegada del gobierno de López Obrador. Una cosa es el bajo perfil y su presencia mediática marginal, pero en el exceso, no ha logrado trasmitir lo que el gobierno federal de Andrés Manuel ha empezado a construir en el Estado de México. Se sabe muy poco de los programas federales del bienestar, y particularmente lo que se conoce no es por mérito personal de la excandidata a gobernadora.

A la distancia, Delfina parece haber asumido un alto costo político por haber solicitado licencia como senadora. La exalcaldesa de Texcoco se ha ausentado de las grandes decisiones legislativas. En lo político no ha encontrado la incidencia con el Poder Ejecutivo. En paralelo, el gobernador Del Mazo parece haberse convertido en un interlocutor directo con el presidente Andrés Manuel López Obrador, lo que le resta un margen de maniobra a la súper delegada. Todo apunta a que Alfredo tiene línea directa con el despacho de Palacio Nacional.

Gómez Álvarez tampoco ha logrado liderear a los alcaldes morenistas. Los presidentes municipales más experimentados, exportados de otros partidos políticos, navegan por la libre y contracorriente. Otro puñado de alcaldes obedecen a las órdenes del PT y no se han subordinado. Los que restan, no distinguen en Delfina la directriz para moldear las políticas morenistas en el Estado de México. El costo político puede ser muy, muy alto para ella.

En contraparte, Horacio Duarte ha logrado un alto posicionamiento entre la clase gobernante. Se ha convertido en un alfil político en la entidad. Como subsecretario de Empleo, ha aprovechado el programa “Jóvenes Construyendo el futuro” para cobrar favores políticos con alcaldes. Se placea y se promueve con la legitimidad del gobierno federal. A su favor, no sólo cuenta su cercanía con Higinio Martínez, sino su confianza con Andrés Manuel, y en fecha reciente la relación que se ha ganado con Luisa María Alcalde.

Sin planearlo, la mayoría legislativa de Morena, le ha otorgado a Maurilio Hernández las condiciones para marcar la agenda pública del último semestre. Acompañado de la bancada morenista, Maurilio ha sorteado los intentos de fractura, y no sólo ha impuesto la prioridad legislativa, también ha hecho lo suficiente para llevarla a cabo: la abrogación de la Ley Issemym, la eliminación de los privilegios de exgobernadores, próximamente la Ley de la UAEM y la remoción del auditor del OSFEM. Él ha ganado interlocutores directos con el círculo cercano del gobernador. Eso es muy rentable para su capital político.

Un factor que abona a tantos liderazgos se alimenta de la ausencia de un liderazgo partidista. Aunque en el fondo del entramado morenista, el mandamás es Higinio Martínez, a quien se atribuye la hechura de quienes hoy toman decisiones en el poder público de la entidad.

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