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Toluca, Edomex. 08 de enero de 2019.- El gobernador del Estado de México, Alfredo Del Mazo ha dejado la posición cómoda de su mandato, y paso a paso, le ha entrado a los temas prioritarios. Ayer, dejó de lado la celebración del Día de la Enfermera para hablar sobre el desabasto de las gasolinas. El priísta ya ha comenzado a entender, que aun cuando requiere de una relación cordial con el gobierno federal, debe asumir una posición más protagónica. Adiós a la simple entrega de salarios rosa que agotó su imagen en su primer año de gobierno.

Más allá del desabasto de combustible, Del Mazo incidirá en la agenda pública del resto de los gobernadores priístas. Lo cierto es que, toda postura debe ser cautelosa y sin polarizar más las posiciones políticas. En una lucha entre el bien y el mal, los priístas llevan la de perder. Alfredo debe abandonar la política asistencial como su único reducto de aparición pública. Ahí está el tema de la seguridad como su principal desafío y promesa de campaña; la infraestructura pública y hasta el desarrollo económico.

El lastre del peñismo tiene arrinconado al priísmo como el partido más corrupto, y eso difícilmente se podrá sacudir por fuerte que sea la crisis del actual gobierno. Del Mazo deberá repensar en desmarcarse del anterior sexenio. A pesar de su cercanía política y su relación familiar, Alfredo deberá tomar decisiones que hagan la diferencia. En el margen de maniobra de Del Mazo no se puede descartar ir en contra de actos de corrupción que involucren, por ejemplo, al sexenio eruvielista. Hay mucha tela de dónde cortar.

Una primera prueba de desmarque, se concentra en la integración del gabinete delmacista. El control político de su gobierno reside en su círculo de confianza: Rescala, Jarque, Torres Cabello, Fernández, Sarmiento y Chavelas. La consigna, a un año de distancia, es sacudir toda vinculación con Ecatepec. Y en esa circunstancia, la exigencia transita por limitar la incorporación de peñistas a su mandato. Del Mazo lo entiende bien, y la clave está en no ceder las presiones políticas.

Ahí vienen los exgobernadores. Mucho se insiste en que Montiel, Chuayffet, Camacho, Eruviel y hasta Pichardo, buscan incidir en el control político del priísmo. Los exgobernadores son dueños de sus propios intereses y líderes morales de sus propios grupos políticos. Sin embargo, en las bases, en el tejido social, son ellos el principal lastre político. A Camacho se lo demostraron los votos que sumó, pero en su contra, en la más reciente elección.

Mientras sigue el reacomodo en los 125 ayuntamientos, Alejandra del Moral ha instruido la designación de nuevos delegados de PRI a nivel regional y municipal. Todo apunta a que Alejandra busca reconocer a quiénes hicieron su chamba en la pasada elección. Pero particularmente, hay quien asegura que se trata de marcar también distancia respecto de los dos más recientes dirigentes del partido, Iriarte y Nemer, quienes le heredaron un desastre financiero y una debacle electoral.

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