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Los retos de los ganadores

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Juan Carlos Núñez Armas*

Una vez que ha pasado la jornada electoral, y que las/os ciudadanas/os han definido qué quieren y, en especial, qué no quieren, es pertinente hacer algunas reflexiones de cómo se constituirán los retos venideros. Comencemos por señalar que las/os ciudadanas/os ganaron porque salieron a votar. Una participación de más de 54%, todo un récord para una elección intermedia, ganaron las/os ciudadanas/os porque demostraron que nuestra joven e incipiente democracia resistió las amenazas y embates de algunos actores políticos. Ganaron las/os ciudadanas/os porque salieron a votar para dejar a cada quien en su lugar, porque determinaron que casi todos los involucrados en el proceso ganaran algo y la mayoría ha aceptado los resultados.

Ganó el INE y confirmó la credibilidad y la confianza que las/os ciudadanas/os tienen en su trabajo. Con la gran aceptación que confirmó tendrá por delante estudiar la viabilidad del voto remoto o a distancia para que electoras/es en tránsito voten. La situación problemática que siempre son las casillas especiales es la prueba mejor de esta necesidad.

Otro pendiente es analizar el voto electrónico que genere confianza y sea aceptado como ya sucede en muchos procesos en el mundo. De igual manera es importante darle más atribuciones al INE para que pueda vigilar e intervenir en cuidar la democracia interna partidaria y baso mi propuesta en la cantidad de juicios de protección de derechos partidistas que en cada proceso presentan los afiliados a las organizaciones políticas porque se sienten agraviados con las determinaciones de sus dirigentes. Por supuesto, vienen renovaciones de consejeros electorales que deberían ser por consenso para mantener la confianza en la institución y fortalecer el profesionalismo demostrado.

Los partidos políticos tienen varios retos por impulsar: fortalecer su democracia interna, disminuir el grado de conflictividad previo a las determinaciones de candidaturas (origen del “chapulineo” que siempre vemos). Los partidos políticos deben evitar la polarización porque tarde o temprano nos pasará la factura que puede ser grave para la estabilización y el desarrollo de nuestro país, podemos convertirnos en un país dividido y violento en todos los sentidos.  Impulsar la gobernabilidad democrática, y con esto me refiero a la necesidad de incluir en sus decisiones de gobierno a la sociedad, la organizada y la individual ¿por qué no?, e incluso a los opositores partidistas.

La voz de una o uno no pueden seguir monopolizando el escenario público porque no lo saben todo y tienen la obligación de enriquecerse con voces diferentes, incluso disímbolas. La democracia es diálogo y el diálogo sólo es si es plural. Construir ciudadanas/os que viven la realidad de la calle, del campo, de las empresas, de las escuelas, de la vida cotidiana y quieren ser incluidos en las decisiones.  Ese ha sido el reto real para las/os ganadoras/es desde la primera alternancia en la presidencia de la República y, lo cierto es, que no siempre lo hemos logrado.

Los partidos políticos saben bien que ni todas/os sus militantes son las/os buenas/os ni las/os adversarios son las/os malas/os. Es necesario abrir en cada proceso de decisiones la escucha activa hacia la sociedad y hacia los opuestos. Las voces críticas que tiene argumentos, que producen ideas, aunque no siempre tengan la razón, deben ser escuchadas. Este es el primer paso para entender las posiciones opuestas y elegir la mejor opción en beneficio del bien común.

En abundancia al último punto, es también pertinente que cuando un dirigente es señalado por malos procedimientos o actuaciones cuestionables, los institutos políticos, sin esperar denuncia alguna, realicen las investigaciones correspondientes y, en su caso, los sancionen.

Las organizaciones partidistas nos tienen que presentar una agenda común de cómo van a resolver los problemas de las/os ciudadanas/os, al menos en la educación, la seguridad pública, la salud, el combate a la pobreza y la búsqueda de la sustentabilidad. Si bien es cierto que todos tienen diferentes enfoques, los problemas son comunes y atenderlos es su responsabilidad. Así, las organizaciones partidistas deben instrumentar una agenda como campaña permanente a través de la cual conozcamos sus visiones y capacidad para resolver problemas. Deben establecer una narrativa que diferencie o fortalezca una solución al problema y no sólo de coyuntura sino a mediano y largo plazo.

La sociedad, por su parte, tiene grandes retos. El primero de ellos dar seguimiento a sus gobernantes, seguir participando no sólo en lo electoral, sino activamente en apoyar o denunciar cualquier desvío de lo prometido. Informarse de primera mano sin dejarse llevar por la propaganda, especialmente la que circula en redes sociales. Exigir al gobierno ser incluidos en las decisiones, en resumen, impulsar el gobierno abierto que nos merecemos, con transparencia y rendición de cuentas. Asumamos que esta es la parte que más nos ha fallado como mexicanos. Tenemos la obligación de la autocrítica y de encontrar la forma de modificar nuestra actitud ante lo público que no es “lo del gobierno” es lo de todas/os.

Finalmente, permítanme felicitar a todas/os quienes salieron a ejercer su deber y su derecho al voto.  Logramos darle una bocanada de aire fresco a nuestra democracia.  Y no olviden al poeta: “…caminante, no hay camino, se hace camino al andar, al andar se hace camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar…”

*El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter @juancarlosMX17

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