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Los bots en las campañas políticas

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Juan Carlos Núñez Armas*

La insatisfacción de los ciudadanos por la democracia es cada vez mayor. El Latino Barómetro 2018 muestra que en América Latina este indicador en 2008 era de 51% y, para 2018, rondaba el 71%. Estas cifras muestran que la democracia vive un debilitamiento paulatino y constante. Martha Lagos, encuestadora y fundadora del Latino Barómetro, llama a este fenómeno “la diabetes democrática”, enfermedad visible para la generación que la padece, pero para el 28% de la población es indiferente, el 15% afirma que incluso un gobierno autoritario podría ser preferible y un porcentaje cada vez más creciente piensa que sólo se gobierna para unos cuantos grupos poderosos que utilizan este régimen para su propio beneficio. En tanto Humberto Beck, profesor de El Colegio de México, señala que el reto de la izquierda será reinventarse más allá del modelo predominante que hemos observado en las últimas décadas, como el bolivariano y el socialdemócrata. Hoy ambos modelos están agotados.

En este contexto, de insatisfacción con la democracia y agotamiento de los modelos de izquierda, arrancamos las campañas. El panorama se complementa con el uso de todos los dispositivos electrónicos que ahora tenemos a nuestro alcance. Sin lugar a dudas, los teléfonos celulares serán una herramienta de todos los candidatos por el fácil acceso que proporcionan a todas las redes sociales, que a su vez se han convertido en una herramienta esencial en la estrategia de comunicación de partidos políticos y candidatos. En su momento, Barack Obama fue el candidato que más empleó las redes sociales innovando la forma de hacer campaña. No podemos perder de vista que el problema, con el uso de tecnología, surge cuando en lugar de hablar con personas, interactuamos con cuentas falsas. Surge así la pregunta, ¿cuál es la influencia de los llamados bots en las campañas políticas?

Iniciemos por definir qué son los bots. Guillermo Pérezbolde, expresidente de American Marketing Association, nos dice que la palabra bot viene del término robot y es utilizada para definir cuentas de redes sociales que simulan estar administradas por personas con un fin determinado. Se convierten en un escape para contenidos comprometedores, no siempre verdaderos y sin que la persona o figura pública, que impulsa su funcionamiento, comprometa su reputación. Los bots tienen una larga tradición en la inteligencia artificial y su intención ha sido producir máquinas que interactúen con humanos con un lenguaje natural.

Las cuentas falsas se han convertido en una amenaza para las propias redes sociales. De hecho, se ha establecido que entre el 15 y el 25% de las cuentas existentes son falsas, se crean ocultando la identidad, pues hoy el anonimato es una realidad online. Contradictoriamente, el hecho de que se soliciten datos como email, SMS y teléfono, así como realizar un Captcha para verificar la autenticidad de una persona sólo logran disuadir a los legítimos usuarios, pero no a los mal intencionados. A final de cuentas, a un usuario común le resulta difícil procesar quién es real y quién no lo es.

Hoy nuestra vida online es dinámica, cambiante, efímera y cada vez está más fuera de control. Una red social es un espacio de conversación pública e interacción horizontal, que facilita la expresión de las personas. En términos de Habermas la esfera pública es “el espacio social donde se conforma la opinión pública sobre los asuntos públicos”, por lo que, cuando los ciudadanos interactúan con el Estado y hablan libremente no se les debe coaccionar porque sólo así fortalecerán los medios y la libertad de expresión.

Ahora que inician las campañas seguramente veremos en acción a los cyberbots, equipos para manipular la opinión pública, y que en épocas preelectorales han demostrado dar una falsa percepción del impacto de una campaña y de un candidato en particular. Estos equipos pueden influir para hacer parecer a un prospecto de representante popular con una imagen muy positiva o negativa de su oponente. Si consideramos que una publicación negativa es compartida dos y media veces más que una positiva, entendemos los propósitos maliciosos, que polarizan y despliegan información no verificable. En pocas palabras, los bots son cuentas ficticias que se crean para generar opinión a favor y en contra de una figura pública.

Las campañas utilizan cuentas falsas (automatizadas) para retuitear o dar like a otras cuentas. Estos instrumentos están programados para responder y participar en conversaciones, incluso convencer a las personas con las que interactúan. Al pretender clonar nuestro comportamiento, los bots nos están reduciendo a tener un patrón previsible y programable, nos están mecanizando.

Aunque los programadores de bots sean ahora los nuevos narradores dentro del escenario de la tecnopolítica, y ganen espacios, hago votos para que los candidatos y sus partidos utilicen las redes sociales con intensidad, con eficiencia, eficacia y con gran responsabilidad.  Como conclusión, recordemos el planteamiento de Habermas sobre el aspecto ético de la esfera pública, para que podamos respetar plenamente la formación de la opinión pública mediante la cooperación de información, la argumentación de propuestas, en igualdad de condiciones y con el reconocimiento de la verdad del argumento mejor esgrimido. Así formaremos mejores ciudadanos y estos elegirán a mejores representantes.

*El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter @juancarlosMX17

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