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Energía Política

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Juan Carlos Núñez Armas*

Hace algunos años tuve la oportunidad de conocer la fábrica de paneles solares de IUSA, ubicada en Jocotitlán. Era un espectáculo de robots trabajando con suma delicadeza y precisión. Después, verlos colocados en la granja de generación de energía eléctrica daba la impresión de vivir en otro país. Meses más tarde, los vi colocados, para proteger del sol a los autos, en el estacionamiento del CIDE, a donde acudía a tomar clases de política pública.

El gobierno de AMLO ha presentado una reforma para revertir los cambios impulsados en el sexenio pasado por lo que algunos le llaman “la contrarreforma eléctrica”. No entraré en la discusión sobre la viabilidad económica, medioambiental o legal de la propuesta. Sólo pretendo exponer mi punto de vista sobre el aspecto político.

Tenemos, por un lado, al PAN que ha sido enfático en rechazar los cambios propuestos, en un contexto con sus propios problemas, como la persecución a Ricardo Anaya, su más visible aspirante a la silla presidencial, quien ha tenido que detener sus recorridos en busca de apoyo y dedicar ese tiempo a su defensa. Finalmente, su dirigencia nacional litiga su candidatura única.

Por su parte, Morena espera sentado la determinación que haga el presidente porque a todas luces serán los más beneficiados. Recordemos que en el T-MEC, “visionariamente”, se dejó fuera el tema energético. Pareciera que el plan que hoy vemos era ya imaginado. Sin embargo, la propuesta no está exenta de problemas, entre otros: el impacto en el estado de derecho, el incremento de uso de combustibles fósiles que empeorará el cambio climático, el principio de progresividad, afectación de derechos humanos, retroactividad en los contratos y los compromisos contraídos y firmados internacionalmente, afectación de la libre competencia, protección a las inversiones, indemnizaciones en su caso, cuando menos.

Dice la propaganda gubernamental “la energía era tuya y te la vamos a devolver”, pero la realidad es que nunca fue nuestra. Sólo unos vivales de los gobiernos pasados, y especialmente los sindicatos, podían decir tal cosa. En el caso de los costos, por ejemplo, de generación, la iniciativa privada los tiene, en promedio, alrededor de cuatrocientos pesos el KW y la CFE, también en promedio, alrededor de 1,400 el KW. ¿De dónde saldrán los recursos para pagar este sobre costo?  Pues no hay de otra, o lo pagan directamente los usuarios o se paga vía subsidio, o sea al final, el pueblo que paga impuestos pagará el sobrecosto.

Lo cierto es que Andrés Manuel ya ganó con sólo presentar la propuesta. Ha logrado mover a sus bases e incrementar la polarización que tanto le gusta: privados contra pueblo, reforma contra vedepatrias o López Mateos contra Salinas. Su apuesta es fortalecer los peligrosos monopolios estatales y privados que tanto daño le hacen a nuestra economía. Si la iniciativa sufre modificaciones para ser aprobada, ya ganó. Aun si no se aprobara, ya ganó.

Si el presidente sabía que su iniciativa no iba a pasar ¿para qué la presentó? En mi opinión, porque es una oportunidad de arengar a sus bases, fortalecer la idea del Estado intervencionista, dividir a sus opositores. En este último caso, se puede ver que PAN la rechaza y justo el PRI se parte entre quienes dudan en respaldarla y otros que la rechazan. El PRI (en la Cámara de Diputados) ha decidido definir su posición, como lo han mencionado, en un parlamento abierto (que de nada han servido, dicho sea de paso, o pregúntele a los fideicomisos).

Específicamente para el PRI, la posición que asuma frente a esta propuesta es su subsistencia como partido político. Su disyuntiva es continuar en su alianza con PAN y PRD para enfrentar los procesos de años 22, 23 y 24 o convertirse en aliado de Morena y pasar a ser un sector similar al Verde o PT.  No hay que olvidar que Morena sólo necesita 56 diputados u 8 senadores para aprobar la iniciativa. Les puede salir bien pero nunca perfecto. Para completar el cuadro de la zanahoria lanzada al PRI, se rumora que Alejandro Murat podría ser el titular de la CFE.

La reforma eléctrica habrá de centrarse más en el aspecto político, por encima de los económicos, medioambientales o sociales.  Se trata de qué es importante, no sólo para la subsistencia del PRI o la continuidad del gobierno de Morena, sino para la viabilidad de un país que necesita enfrentar el reto de sus competidores mundiales. El futuro es la energía limpia, barata, accesible a la gran mayoría de consumidores que requieren menores costos para ser competitivos. La reforma propuesta es similar a que, en el pasado, se prohibiera los celulares para fortalecer al monopolio de Telmex con los viejos teléfonos alámbricos que conocimos y que ahora son piezas de museos.

Sin duda, está en juego el avance tecnológico, la generación de energía limpia (como la eólica o solar), el empoderamiento del consumidor (para que pueda producir, distribuir y consumir energía).  En síntesis, para ser más competitivos y entrar en el mundo que se vislumbra a futuro y, mejor aún, sin duda, en el presente.

Finalmente, no quiero terminar sin referirme a un aspecto cuestionable: la confianza que el presidente pone en Manuel Bartlett, ¿usted le tiene confianza?, ¿realmente cree que no subirá el costo del recibo de luz o que tendrá capacidad de atender las fallas cada vez más frecuentes, especialmente si se limita la generación de energía mientras el consumo se incrementa?

El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter @juancarlosMX17

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