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El Manual de Maquiavelo 28-05-2021

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Francisco Ledesma / Un debate virulento

Las campañas electorales están por finalizar, caracterizadas por la descalificación entre partidos y candidatos, ya sea por trayectorias profesionales, aspectos personales y escándalos que crispan los ánimos de los simpatizantes. Sin embargo, el debate es omiso respecto de los proyectos de gobierno, las promesas de campaña y las diferencias programáticas o hasta ideológicas.

En la última semana, Metepec ha relatado un enfrentamiento soterrado entre los punteros Gabriela Gamboa y Fernando Flores, en un pleito que evidencia diferencias personales, en cuya disputa sólo se establece una victimización de los actores involucrados, y un discurso victorioso de la elección de junio.

A través de redes sociales, proliferó una grabación que exhibe una conducta inadecuada de quien busca la elección consecutiva, pero ningún elemento que aporte una evaluación sobre su ejercicio de gobierno de los últimos tres años.

En respuesta, se ha viralizado un panfleto que dibuja a Fernando Flores como un empresario cuestionable, haciendo burla de sus promesas de campaña; pero nadie ha sido para poner en entredicho la inviabilidad presupuestal y hasta legal de prometer médicos y medicinas en la casa de los metepequenses.

Para Toluca, la viralización de mensajes en redes sociales exhibe una deliberación poco útil para la elección del próximo presidente municipal. Es recurrente identificar una descalificación hacia Juan Rodolfo Sánchez porque busca su tercer periodo como alcalde, y hace por cuarta ocasión campaña. En la acera de enfrente, hay quien ataca al priísta Raymundo Martínez bajo la lógica de que autorizó un aumento a la tarifa del pasaje en el transporte público.

Lo curioso es que, aquellos que cuestionan la reelección de Juan Rodolfo en la capital mexiquense, son quienes apoyaban hace tres años la elección consecutiva del priísta Fernando Zamora, como alcalde de Toluca; o bien, aquellos que fustigan la candidatura prianista, muy probablemente colaboraron en el primer mandato de Juan Rodolfo, cobijados por el PAN mexiquense.

En Tlalnepantla, se hace mofa de los cambios de imagen que ha experimentado Raciel Pérez Cruz en su ascenso al poder público, como elemento sustancial para tomar una decisión en las urnas. Por su parte, Antonio Rodríguez es pintarrajeado con orejas de ratón en sus espectaculares para denostar una campaña que mantiene presencia marginal y nulas posibilidades de triunfo.

El denominador común es evitar la discusión sobre los proyectos de gobierno de cada partido, colación o candidato, quizá porque todos prometen sobre una base de lugares comunes: servicios públicos, seguridad pública, infraestructura urbana, y una amplia gestión institucional para mejorar el entorno social.

Lo que sí ha proliferado en estas campañas, son los candidatos que pretenden demostrar empatía, ya sea bailando con los votantes en todos los eventos proselitistas; candidatos que se hacen acompañar con botargas de su propia imagen; y los que diariamente hacen un recorrido culinario para desayunar, comer y cenar en los lugares más populares de sus municipios o distritos.

El debate político es sumamente precario, porque se construye un electorado bajo un concepto clientelar, y por tanto no se asumen proyectos de gobierno de mediano y largo plazo, muy a pesar del ánimo reeleccionista.

Las campañas electorales han contribuido a fortalecer el hartazgo social, y a consolidar la idea abstencionista de los votantes, porque todos los candidatos prometen amplias expectativas que financiera y legalmente no podrán cumplir.

La tenebra

Faltan noventa minutos para la noventa. Y una semana para la elección.

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