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El Manual de Maquiavelo 27-08-2021

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Francisco Ledesma / El ajedrez político de 2023

La elección intermedia en el Estado de México ha significado en las últimas décadas un parteaguas en los procesos de sucesión de la gubernatura, y la consecución de espacios electorales se ha convertido en una puerta que abre oportunidades de posicionamiento político, mediático y electoral cada seis años.

Han transcurrido casi tres meses de los comicios intermedios, y las piezas del ajedrez se acomodan paulatinamente, bajo la toma de decisiones del gobernador en turno, quien marca el ritmo y la circunstancia de quienes tendrán mayor ascendencia política al interior de su gabinete; en los espacios legislativos del ámbito federal y local; y desde los ayuntamientos de filiación priísta.

En la víspera, causó sorpresa la determinación de sustituir a Gustavo Cárdenas de la coordinación mexiquense en San Lázaro, y reemplazarlo por Miguel Sámano, cuya lección transita en dos ideas centrales: el control político reside en el primer priísta del estado, el mandatario en turno; y la segunda, en su escritorio se decidirá quiénes jugarán en la sucesión por la gubernatura estatal.

En San Lázaro, la posición de Sámano condicionará el desempeño legislativo de al menos tres aspirantes a suceder a Del Mazo. En esa circunstancia, el gobernador ha extendido su distancia sobre el dirigente nacional priísta, incluidos los legisladores que responden a sus intereses personales y de grupo.

Del Mazo comprende que desde la posición de coordinador en San Lázaro -cargo que ocupó entre 2015 y 2017-, existen condiciones para arropar a otros legisladores, recorrer el estado territorialmente y generar componendas políticas para el futuro. Por esa razón, ha marginado a todos los suspirantes. En esta lógica, Sámano podrá tener sus afectos, pero no alcanza a ser aspirante.

En contraste, ha impulsado a Elías Rescala como coordinador de la bancada priísta en el Congreso local, en cuyo equilibrio de fuerzas, además, le alcanzará para ejercer un año como presidente de la Junta de Coordinación Política.

Lo cierto es que, no todos los aspirantes son diputados, y los grupos internos identificados con los exgobernadores, también influirán en la decisión final.

Tras la elección de junio pasado, Alfredo Del Mazo enfrentará el último tercio de su mandato en mejores condiciones políticas, con relación a la coyuntura que debió sortear con la vorágine morenista experimentada en los comicios de 2018.

En esa condición favorable, no sólo se trata de tener mayores posiciones de priístas en distintos espacios del poder público, sino además, contar con colaboradores cercanos que asuman una mayor interlocución y una sólida toma de decisiones en oficinas que rebasen los muros del Palacio de Gobierno.

El trance más importante hacia la sucesión de la gubernatura, no ocurre en los escasos tres meses de las campañas electorales. El recorrido de mayor preponderancia transcurrirá en los próximos 18 meses, en los que se deberá definir la candidatura oficial a la gubernatura.

Como en cualquier juego de ajedrez, el rey moverá sus piezas conforme a la medición de sus tiempos políticos, pero con el propósito de ganar la partida de la elección de 2023, en la cual está en juego el mayor bastión electoral del PRI a nivel nacional; y la prevalencia del Grupo Atlacomulco, uno de los más influyentes en el espectro político durante los últimos ochenta años.

Sin embargo, no se debe perder de vista que esas piezas de ajedrez deberán cuidar al rey en el último tramo del sexenio, para contribuir a la consolidación de su proyecto de gobierno, incluido el impulso de su grupo político.

La tenebra

Los resultados electorales del priísmo mexiquense y su incipiente recuperación, contrastan con el fracaso del priísmo nacional y la debacle en todas las gubernaturas. Eso reivindica al gobernador actual y los exmandatarios para decidir sobre su posible sucesor, por encima de las decisiones del centro del país.

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