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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / El aeropuerto, simbolismo político

El Aeropuerto se queda en el Estado de México, pero no en Texcoco. No será ni por asomo el proyecto del foxismo, ni tampoco el plan del peñismo. En Zumpango, al nororiente y muy cerca de Hidalgo, López Obrador, su gobierno, su consulta y sus afectos decidieron que allí habrá nuevo aeropuerto.

El Aeropuerto de Santa Lucía va, lejos en tiempo, espacio y distancia de la disidencia social de Atenco, de la misma que causó su primera cancelación por falta de operación política durante la gubernatura montielista; y que la inexperiencia y los exabruptos de Fox y Pedro Cerisola tiraron sin previo aviso.

Muy distante de la región salitrosa de Atenco, donde grandes sectores de la prensa pretendieron criminalizar la protesta social, la misma que persiguió al peñismo hasta su campaña presidencial en los sanitarios de la Ibero.

El próximo lunes arrancará la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, y en una acción simbólica, el gobierno federal sepultará el ambicioso -por su infraestructura y valor de negocio- aeropuerto de Texcoco que fracasó en menos de veinte años durante tres ocasiones: por la ineptitud política; el rechazo social; y la corrupción del poder público y privado, en distinto sexenio y partido.

Cuando se asomaban los primeros obstáculos -un cerro y el abasto de agua potable-, en la ejecución del plan de Santa Lucía, Andrés Manuel ha decidido más con ímpetu que con proyecto, dar un golpe de autoridad y acelerar la construcción de su aeropuerto, que evoca también la de su gobierno.

La imposición de Santa Lucía sobre Texcoco, es además, entender la implicación de un nuevo régimen, que pretende desde esta obra de infraestructura enarbolar un antes y un después, frente a una clase gobernante estigmatizada por los abusos, los excesos, la corrupción, los conflictos de interés y la impunidad.

Su oposición a Texcoco no es reciente, y ahí está su solidaridad con Atenco e Ignacio del Valle, desde los tiempos en que Andrés Manuel era jefe de gobierno del Distrito Federal. Para los fines políticos de López Obrador, Santa Lucía es más que un aeropuerto, es la reivindicación de su victoria electoral. Es la restauración del presidencialismo en el que se formó políticamente.

Es la derrota más dolorosa para el Grupo Atlacomulco que por más de dos décadas defendió el proyecto de Texcoco, para beneficio de las élites del poder público y privado. La defenestración de Texcoco, es también echar al olvido una parte de las promesas de campaña de Alfredo Del Mazo, que apostaba la creación de 450 mil empleos en la extinta terminal aérea. Y en el último de los casos, será una victoria de largo aliento para Delfina Gómez, la profesora texcocana que rechazaba en campaña una terminal aérea en su lugar de origen.

Es la formalización del derrocamiento institucional del peñismo, en una semana para la desmemoria de su mandato mediante la abrogación de su reforma educativa y el arranque de construcción de Santa Lucía.

La paradoja: el aeropuerto de López Obrador se queda en el Estado de México, la cuna del Grupo Atlacomulco, al que cada mañana culpa del desastre institucional, legal y metalegal en que se encuentra el país.

Durante los últimos tres años, Andrés Manuel promocionó sin recato el aeropuerto de Santa Lucía, del cual se sabe muy poco, y donde abunda más la inviabilidad de un proyecto bajo las voces de quienes perdieron en julio pasado.

Santa Lucía también se convertirá en beneficios sociales y económicos para el Estado de México, un granero de votos para quien sea que enarbole este nuevo aeropuerto, en una de las zonas mayormente pobladas de la entidad.

A pesar de tener otras alternativas como Tizayuca, el presidente le ha lanzado un guiño al Estado de México y a los mexiquenses, para que el aeropuerto se quede aquí, en una tierra que le ha retribuido en demasía política y electoralmente. El guiño también alcanza al gobernador Del Mazo, y éste le corresponde con su respaldo tímido a un aeropuerto que entierra a su grupo político y sus propios intereses económicos.

Aun cuando abunda la incertidumbre técnica y se profundiza la crítica del proyecto en la base militar, se impone una decisión política atiborrada de simbolismo institucional. El Aeropuerto se queda en el Estado de México, pero no en Texcoco.

Santa Lucía, va.

La tenebra

Es difícil acreditar la corrupción en una obra inconclusa. La impunidad, entonces, parece una obra indeterminada.

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