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El Manual de Maquiavelo 23-07-2021

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Francisco Ledesma / La autonomía, una discreción municipal

Las últimas semanas, tras la jornada electoral del pasado 6 de junio, la dinámica gubernamental ha estado sostenidamente marcada por las dificultades financieras que adolecen la mayoría de los ayuntamientos, lo que ha derivado en incumplimiento de pago de la nómina de sus trabajadores; así como de sus proveedores por concepto de diversos productos y servicios.

La conclusión es evidente: la autonomía municipal deriva en un manejo discrecional de las finanzas públicas, en la que cada ayuntamiento se reinventa cada tres años, para dar prioridad a su proyecto político, ya sea el combate a la inseguridad, el fomento a la cultura, el desarrollo turístico, pero difícilmente se llega al diseño de políticas públicas que obliguen a una evaluación de su eficacia.

En paralelo, los alcaldes entrantes -sin excepción- encuentran una hacienda municipal con múltiples deudas heredadas, ya sea a través de instituciones bancarias, o bien, con proveedores, con pasivos derivado de sus productos y servicios otorgados a la administración saliente, y una larga lista de juicios laborales que comprometen aún más la acción de gobierno en el corto plazo.

A la mitad del trienio, los ayuntamientos advierten la insuficiencia presupuestal para mantener el ritmo de sus planes de gobierno, de sus acciones cortoplacistas, y determinan suspender sus programas municipales para pagar las deudas heredadas, y sortear las reglas de operación de las partidas presupuestales que les son otorgadas por financiamiento federal o estatal.

Para entonces, los alcaldes ya también experimentaron que, las asignaciones presupuestales no son estables; están determinadas por recortes que derivan de otras deudas con instancias gubernamentales como el Issemym y la Caem.

El tercer año de gobierno resulta ser el más complejo de todos. La asfixia financiera llega a tope en los municipios: las deudas ya son insostenibles por los proveedores propios y los de la anterior administración; para entonces, los compromisos políticos han hecho engrosar las nóminas de trabajadores, lo que endurece el pago de impuestos y otro tipo de prestaciones laborales.

En resumen, la autonomía municipal ha permitido una discrecionalidad insana para los ayuntamientos, en tanto que, no hay limitantes para el gasto de su nómina o de sus proveedores, sin embargo, ese margen de maniobra deja de manifiesto una laxitud en las deudas heredadas, y conlleva a una crisis financiera histórica como resultado de presupuestos que se gastan como dinero propio.

Por su parte, el Órgano Superior de Fiscalización del Estado de México tiene capacidad de auditar un porcentaje mínimo del presupuesto asignado a los municipios, y en su mayoría, las inconsistencias son solventadas por tecnicismos legales o financieros, sin consecuencias que trasciendan lo mediático.

Los municipios presumen de ser la autoridad más cercana a los ciudadanos, pero también son las instancias que mayores limitaciones -legales, financieras y materiales- tienen para atender sus necesidades. La autonomía no resuelve la capacidad de respuesta, y muy por el contrario, deja una libertad perniciosa en el manejo de los recursos públicos que administran cada trienio.

Sin restarle elementos a la autonomía, resulta necesario regular el gasto público de los ayuntamientos, y tal como ocurre con las recomendaciones salariales para alcaldes, sería deseable emitir parámetros y evaluaciones sobre el ejercicio del presupuesto municipal, que establezca -según el tamaño del municipio- los porcentajes que deberían destinarse al gasto corriente, servicios personales, y otras prioridades de la administración local como obra pública, seguridad, servicios públicos, entre otros.

Sin embargo, quienes hoy son diputados aspiran a ser alcaldes, o bien, con anterioridad ya ocuparon ese encargo, y saben los privilegios que implica la autonomía municipal en el ejercicio del poder y la aplicación del gasto público, por lo que difícilmente moverán una coma a esos preceptos legales.

Y esta novela, se cuenta cada tres años, en la que el victimario es quien ya salió.

La tenebra

Decía Don Fidel: ¡Quien se mueve no sale en la foto!, pero en tiempos de plataformas digitales hay quien ha optado por tomarse la selfie, y hace del protagonismo una estrategia para avanzar hacia el 2023. Que no se olvide, es una carrera de resistencia, y no de velocidad.

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