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El Manual de Maquiavelo 19-03-2021

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Francisco Ledesma / La sepultura ideológica

El 18 de marzo, día en que se conmemoraba la Expropiación Petrolera, ha dejado de ser una fecha marcada en el calendario cívico para el priísmo y sus gobiernos, lo que deja de manifiesto su transición ideológica de los últimos años.

Atrás ha quedado la identidad cardenista que durante décadas marcó su defensa nacionalista sobre el patrimonio energético del país. Ni el partido ni el gobierno tienen hoy en su agenda la celebración de la expropiación petrolera, la cual quedó sepultada tras la reforma energética aprobada en el sexenio peñista.

Para el priísmo actual sería un contrasentido celebrar un acto patriótico, que resaltó una postura ideológica, pero que se fue ajustando a un modelo económico cuya encomienda principal fue la reducción del aparato del Estado.

El modelo energético mostró su fracaso durante los últimos treinta años en términos de rentabilidad económica, lo que fue un ardid para impulsar y justificar una reforma que permitiera la inversión privada, la cual tampoco ha sido solución de corto plazo, ya que ni siquiera cumplió con la promesa más básica: disminuir el precio de las gasolinas, el gas natural y la energía eléctrica.

En el terreno político, el priísmo cerró la brecha con su oposición histórica en temas de libre mercado, por lo que se terminó imponiendo la visión del panismo que siempre pugnó por la inversión privada en el sector energético.

Hoy, el pragmatismo electoral ha obligado a las élites partidistas a renunciar a su identidad ideológica y buscar intereses comunes por su sobrevivencia.

La expropiación petrolera marcó durante décadas no sólo una efeméride en el calendario cívico de las escuelas y las instituciones públicas, sino, además, dibujó el modelo estructural en el presupuesto público de la nación, pero fueron también los abusos y los excesos lo que terminaron por agotar el sistema fiscal.

A la distancia, el cardenismo se convirtió en un clivaje en las estructuras del poder, ya sea por la apertura del mercado que terminó por permitir la inversión privada en el sector energético, o bien, por la pugna democrática que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas a finales del siglo pasado, y que abrió la puerta al movimiento que hoy encabeza el presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Desde esa postura política e ideológica, el actual gobierno de México se ha apropiado de una fecha simbólica que sus opositores ya no pueden celebrar, y que sirve de pretexto para justificar su proyecto de rescate petrolero, la reforma a la energía eléctrica y la construcción de una refinería en Tabasco.

Lo cierto es que, en las últimas décadas el priísmo ha desdibujado su modelo ideológico, el cual ha marcado distancia de la llamada justicia social, cuya construcción discursiva se relacionaba incluso con una social democracia.

En los últimos 25 años, el priísmo experimentó una inédita alternancia electoral que le obligó a ajustar su discurso y su postura política, pero en el camino también su militancia fue relegada frente a la imposición de candidatos presidenciales con una formación tecnocrática que contaminó su identidad.

Frente a la claudicación del modelo energético, hoy el priísmo mexiquense que encabeza Alejandra del Moral está más entusiasmado por celebrar el equinoccio de primavera, antes que revivir sus propios fantasmas por conmemorar una expropiación petrolera, y que fue sepultada por el sexenio pasado.

Lo que está en juego en junio próximo no es su identidad ideológica o su postura política, sino su sobrevivencia partidista.

La tenebra

A ese paso, es posible que el aniversario luctuoso de Luis Donaldo Colosio pase desapercibido, y paulatinamente quede en el olvido.

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