Inicio Destacados El Manual de Maquiavelo

El Manual de Maquiavelo

177

Francisco Ledesma / Malditas coincidencias

Pese a los esfuerzos de López Obrador para distanciarse de su antecesor Enrique Peña, hay momentos políticos, sociales y trágicos que entrelazan la inoperancia y la incapacidad de ambos gobiernos. La construcción de nuevos aeropuertos, la defenestración de líderes sindicales y hasta el crimen organizado como detonante de crisis de gobernabilidad. Aquí un recuento de un arranque que parecía inolvidable, pero fueron rebasados muy pronto por las circunstancias.

Habían pasado dos años del gobierno del peñista, y el atlacomulquense anunciaba la construcción del Aeropuerto Internacional en Texcoco; la idea del Mexican Moment permeaba en los mercados internacionales, como resultado de las reformas estructurales impulsadas en los primeros 24 meses de aquel sexenio para el olvido: laboral, hacendaria, electoral, de telecomunicaciones, penal, y las más emblemáticas, la energética y la educativa, entre otras.

En febrero de 2013, cuando Peña cumplía poco más de 60 días, su gobierno ejecutó la defenestración y captura de Elba Esther Gordillo, lideresa vitalicia del magisterio, quien se oponía a la reforma educativa impulsada por el peñismo.

Peña Nieto parecía implacable con una lideresa magisterial que representaba el sindicalismo más rancio de su propio partido; aunque al final del sexenio fue puesta en libertad por cuestiones de salud personal y su avanzada edad. Las acusaciones penales se desmoronaron por falta de pruebas profundas.

Quince días después del anuncio del Aeropuerto Internacional en Texcoco sobrevino la mayor tragedia de su gobierno: la desaparición de 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa que marcaría el principio del fin para un mandato que terminó en la mayor desaprobación social de la historia. Los fantasmas de aquella noche negra lo persiguieron hasta el final.

A casi un año del arranque de su mandato, Andrés Manuel López Obrador presumía los alcances de su gobierno: la reducción de altos salarios; la eliminación de las pensiones para expresidentes; la supresión del Estado Mayor Presidencial y la austeridad para los altos funcionarios de su administración.

Con diez meses y quince días en Palacio Nacional, el tabasqueño encabezó el inicio de obras del Aeropuerto Internacional de Santa Lucía; ahí están simbolizadas sus políticas de austeridad y transparencia, pero ante todo sepulta el mayor proyecto de infraestructura del sexenio pasado.

Antier, mediante una operación política desde las élites del poder, se concretó la renuncia de Carlos Romero Deschamps al frente del sindicato petrolero, donde cumplía más de 25 años, en medio de una coyuntura sustancial: el gobierno de López Obrador desmadeja financiamiento irregular a campañas electorales, desvíos de recursos y otras inconsistencias atribuibles a Petróleos Mexicanos.

Sin embargo, unas horas más tarde del banderazo en Santa Lucía, se vivenció una tarde trágica para el gobierno lopezobradorista y para el país, marcada por una serie de enfrentamientos entre sicarios del cártel del Pacífico con fuerzas militares y federales, por la detención de Ovidio Guzmán López, hijo del líder fundador de ese grupo criminal, Joaquín Guzmán Loera.

A la distancia: el aeropuerto de Texcoco no se concretó; Elba Esther Gordillo está de vuelta en la política activa y la vida sindical del magisterio; y Ayotzinapa permanece en la indolencia y la impunidad por la desaparición de estudiantes.

Aunque parece muy temprano para su gobierno, lo acontecido ayer en Culiacán, Sinaloa, se advierte destinado como la mayor crisis política y social de la naciente Cuarta Transformación. Versiones extraoficiales apuntan que, tras la reyerta entre grupos criminales y fuerzas de seguridad, el gobierno decidió liberar a Ovidio Guzmán López para evitar consecuencias fatales.

López Obrador confía en que su aeropuerto sí podrá terminarse en un plazo de tres años, y formará parte de la solución a la saturación del tráfico aéreo de la Ciudad de México. Las autoridades financieras y penales ya investigan profusamente al exlíder del sindicato petrolero, en lo que promete ser un certero combate a la corrupción, como bandera emblemática del sexenio actual.

Lo cierto es que, el gobierno se doblegó frente a un poder fáctico de capacidades inquebrantables para demostrar las limitaciones y vulnerabilidad de las fuerzas castrenses y de la incipiente Guardia Nacional.

Lo único consistente es que ni Ayotzinapa ni Culiacán merecen estigmatizarse en una ideología o partidista. Son hechos que no debieran normalizarse ni ser motivo de especulación política. El mayor defecto del presidencialismo es pensar que un hombre traerá la solución de todos los males, y que esa misma persona es la responsable de todas nuestras tragedias.

La tenebra

Ana Lilia Herrera recibe en San Lázaro a vecinos de Metepec, y los apapacha para salir en defensa del Parque La Pilita y oponerse a la instalación de la Guardia Nacional en ese espacio público. Malo harían los colonos en aceptar un arropo partidista, cuando se dicen un movimiento social genuino. Y no pasar por alto la tibieza de su muchachito, el regidor Rodrigo Falcón para abstenerse en la decisión del cabildo, sin saber si está a favor o en contra.

 

Comentarios

comentarios