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El Manual de Maquiavelo 07-01-2022

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Francisco Ledesma / ¿Cercanía o populismo?

Ante la profunda desaprobación existente entre ciudadanos y la clase gobernante, de forma reciente se identifica la necesidad de los políticos por construir una imagen de cercanía con sus electores, sin embargo, en esa estrategia que se convierte en obsesión, se cae en la tentación del populismo, que termina por ridiculizar la imagen de quienes pretenden ser líderes sociales.

El reciente cambio de gobiernos municipales, ha dado múltiples ejemplos de alcaldes que buscan construir una imagen cercana con sus gobernados, como un ciudadano tan común que comparte su vida cotidiana, pero que tiende a una exposición banal y pierde credibilidad en su encomienda desde el poder público.

Es absolutamente necesario, sacar a los gobernantes de la burbuja de privilegios que los absorbe e invisibiliza los problemas más comunes; no obstante, los electores prefieren un alcalde que le ofrezca soluciones reales y tangibles, por encima de uno que se ponga a barrer el centro de la ciudad para ganarse una empatía que apenas le durará cinco minutos y unos cuantos aplausos.

Las redes sociales son una herramienta de comunicación de alto potencial para ponerse en contacto con la ciudadanía, pero éstas no sustituyen las acciones de gobierno, ni tampoco remplazan los modelos de comunicación que requiere toda institución pública desde una perspectiva informativa y periodística.

Es un craso error de algunos alcaldes entrantes pretender mimetizarse con casos de éxito de otros políticos del ámbito nacional. No todos están casados con una Mariana Rodríguez como para anclar sus actos públicos a la imagen de sus esposas (o esposos); y a muy pocos gobernados les hace sentido saber la receta del guacamole del diputado federal con el que se identifican.

La agenda pública de los alcaldes debe tener una estrategia de gobierno encaminada a lograr objetivos de corto, mediano y largo plazo. Dice una regla no escrita que no se trata de twittear por twittear, y traducido en términos de gobierno, no se trata de tener eventos públicos forzosamente todos los días.

Se entiende el entusiasmo de sus asesores de imagen por hacerse notar en el cambio de gobierno, pero se debe entender que tres años son muy poco tiempo para cumplir con sus promesas de campaña, pero son un periodo muy largo para sostener un ritmo de eventos públicos con únicamente buenas intenciones.

La empatía no requiere disfraces, sino de identificar los problemas y atenderlos. La cercanía no significa populismo, sino proximidad con todas las colonias y comunidades, y con todos los sectores sociales, porque todos enfrentan realidades distintas y requieren alternativas de solución diferentes.

Los alcaldes hoy construyen una imagen impostada; promueven su simpatía y su sentido del humor. Les conmueve tener muchos seguidores y les motiva lograr un gran alcance en sus redes sociales. Sueñan con volverse influencers.

Basados en la experiencia reciente, apuestan por tener una buena evaluación ciudadana, pensando en la próxima elección y en las posibilidades de repetir en el cargo. Potenciar su capital político parece el objetivo de largo plazo.

El plan de gobierno debe trazar en los próximos meses, cuáles son las tareas que atenderá el alcalde por los próximos tres años, para qué alcanza el presupuesto asignado -más allá de lo prometido en campaña-, y a partir de ahí, asumir una agenda que le permita proyectar, ejecutar y alcanzar metas.

Los alcaldes deben asumir su posición política, su responsabilidad pública, y entender que después de grabar el tik tok del día, hay que ponerle seriedad a su toma de decisiones.

La tenebra

Tuvieron siete meses para planear el ascenso al poder; y algunos sólo pensaron en su proyección en redes sociales.

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