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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / Se buscan dos millones de electores

El PRI del Estado de México tiene muy claro el escenario: sin 2021 no habrá 2023. La premisa electoral establece como imprescindible una previa recuperación en los comicios intermedios para volverse competitivos hacia la renovación de la gubernatura mexiquense. El propósito numérico está fijado en alcanzar la cifra de dos millones de votantes en un plazo de 18 meses.

El pasado fin de semana, durante la toma de protesta de Alejandra del Moral como presidenta del PRI mexiquense, se precisó una cifra que para muchos pasó inadvertida. El programa de credencialización lanzado en el año que está por concluir ha logrado la afiliación de 500 mil militantes priístas, y entonces, el entusiasmo inunda a los operadores políticos del partido en el poder.

Cuando falta un año y seis meses para los comicios, contar con 500 mil militantes, exige pensar que en promedio, cada afiliado deberá convencer a cuatro personas de votar por los candidatos del PRI; y en esa ecuación, sumar los casi dos millones de electores, que podrían darle un techo mínimo de 40 municipios y 10 diputados de mayoría, particularmente en zonas rurales.

En un escenario casi imposible, el PRI pretende imponer en 70 municipios y 20 distritos electorales, donde se determinan líneas de acción que fortalezcan la presencia del gobierno estatal y el trabajo de campo del instituto político.

La elección presidencial, sacó a las urnas a poco más de 7 millones 500 mil votantes. Unos comicios atípicos que en algunos municipios alcanzó hasta el 65 por ciento de participación. La renovación de alcaldes y diputados locales, estima tener una afluencia cercana al 50 por ciento, es decir, 6 millones 500 mil electores que acudirán a emitir su voto en junio de 2021.

Hay que entender que una eventual recuperación electoral priísta -que actualmente gobierna 21 municipios, y obtuvo apenas una diputación local y tres curules federales de mayoría-, transita por un escenario inercial y no necesariamente por una alquimia electoral de la actual dirigencia estatal.

¿Cuál es la apuesta? Fortalecer sus estructuras electorales que le otorgue dos millones de votos –casi la cantidad obtenida por Alfredo Del Mazo en 2017-; incidir a favor de panistas y perredistas en sus bastiones electorales; y en general desincentivar una participación tan alta de votantes, es decir, que el abstencionismo haga su parte a favor del priísmo mexiquense.

Si el PRI logra completar su meta de 2 millones de votos; además de incentivar en zonas estratégicas la preferencia a favor de PAN y PRD, que permita replicar los casi millón 900 mil votos alcanzados el año pasado, la votación en general estaría dividida a tercios, con grandes posibilidades de la recuperación soñada.

Ahora bien, si el PRI logra ganar en medio centenar de municipios estará en condiciones de competir para retener la gubernatura del Estado de México dentro de cuatro años, la cual no conoce de alternancia electoral desde 1929 con la existencia del PRI; y sólo ha identificado como detentor del poder público al Grupo Atlacomulco. Más allá de sus diferencias, las élites gobernantes se pondrán de acuerdo para hacer que el priísmo permanezca intacto.

En paralelo, ganar una decena de distritos locales, y un número semejante entre panistas y perredistas, daría un amplio margen de maniobra en la relación política entre el Poder Ejecutivo y Legislativo, para la parte final del sexenio delmacista. De ahí, la trascendencia de la estrategia electoral.

En resumen, el PRI delmacista apuesta a la consecución de dos millones de votantes; una oposición sólida de PAN y PRD en sus corredores electorales y una baja afluencia que desinfle la abrumadora mayoría morenista.

En contra de Morena juegan otros dos factores: algunas administraciones municipales han resultado un desastre; y por otra parte, su arrastre se fijó como un movimiento social, es decir, carece de las estructuras electorales que tiene un partido político como el PRI para la movilización de votantes.

Lo cierto es que, para alcanzar sus objetivos se deben establecer tareas que mejoren la imagen y calificación del gobernador y su mandato; además de reconciliar al priísmo agraviado por las imposiciones de siempre.

La inercia será insuficiente si no existe voluntad política y un alto grado de autocrítica del partido en el poder del estado.

Por eso, de ahora en adelante, al interior del PRI se hablará de esos dos millones de votantes.

La tenebra

El ejercicio del poder de Alfredo Del Mazo representa un clivaje en la composición política del Estado de México. Los exgobernadores que presumían el derecho de ejercer un maximato deben entenderlo y asumirlo. Nada es para siempre, pero ni el gobierno ni el partido les pertenece. Y éste es el momento delmacista.

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