El Manual de Maquiavelo 05-06-2026

Francisco Ledesma / Una mirada a la mitad del camino

La alternancia política en el Estado de México significó un triunfo histórico frente a la hegemonía partidista de 93 años de gobiernos priístas, que incluso llegaron al pináculo en el ejercicio del poder cuando el PRI enfrentaba una de sus peores crisis de credibilidad, con el ascenso presidencial de Enrique Peña Nieto, para reivindicar su capacidad por ganar elecciones en los peores momentos.

Hace tres años, Delfina Gómez alcanzó una victoria que concentraba: por un lado, el hartazgo social ante gobiernos plagados de excesos, abusos, privilegios y eran carentes de soluciones y atención a necesidades más elementales; y por otra parte, una elevadísima expectativa de que una nueva clase gobernante era posible de combatir la corrupción y revertir los rezagos estructurales y gubernamentales por mejorar los servicios de salud, educación, movilidad.

A tres años de distancia, la narrativa gubernamental se instala en que la administración delfinista ha dado pasos relevantes en cumplir con esa alta expectativa; y pretende reflejar ese buen momento, a partir de que sus propias encuestas la ubican como una gobernante de alta aprobación social.

Sin embargo, en un balance de su propia toma de decisiones, se ha podido reflejar que no basta con voluntad política para cumplir con su oferta electoral; y que culpar al pasado -por cien largos años de priísmo- tampoco es razón suficiente para quedarse corto en las promesas, porque en campaña jamás se aclaró que se requerirían otros cien años para tener un mejor gobierno.

En una revisión de lo elemental; basta identificar las razones en los ajustes del gabinete delfinista para asumir que el incumplimiento está a la vista. La salida de Andrés Andrade y Daniel Sibaja estuvo marcada por sus excesos. La renuncia de Macarena Montoya y de todos los mandos medios de la Secretaría de Educación tuvieron el denominador común de malos manejos financieros.

El fuego amigo definió el destino de Pedro Moctezuma y Paulina Moreno. El ajuste reciente en el Issemym responde a una institución colapsada y sumida en las irregularidades del pasado. La vocería no termina por definirse sí aún existe.

Aunque Delfina Gómez ha apostado por la estabilidad de su gabinete: quienes han salido, han dejado huella de que las promesas de campaña han quedado muy cortas. Otro puñado de funcionarios que prevalecen en el gabinete, han dado muestra de una elevada curva de aprendizaje para satisfacer con un cambio de régimen que exigía un gobierno eficaz y disciplinado.

Sobran los ejemplos de insatisfacción social, de quienes exigían una política laboral más cercana y expedita; un combate a la corrupción más frontal hacia las irregularidades encontradas; una política cultural o de igualdad sustantiva que asumiera su momento histórico y su posición ideológica; o bien, una estrategia de seguridad alejada de la sospecha y la mala fama pública.

A tres años de aquella elección, la narrativa del gobierno le sigue apostando al manto de humildad que cubre a la gobernadora Delfina Gómez, aunque eso resulta insuficiente para cumplir con la alta expectativa de un gobierno que se fijó como meta romper estructuras de poder político y económico.

Las encuestas de aprobación tampoco pueden significarse en la política pública más relevante del sexenio. Y anclar al gobierno estatal, a las obras y los programas sociales diseñados por el gobierno federal, sólo reivindica un presidencialismo y un centralismo que en antaño fue altamente criticado.

A la mitad del camino, el delfinismo enfrenta un desafío sistemático con las pugnas internas, porque también los grupos políticos que tanto definieron el éxito electoral, hoy se sienten desplazados del ejercicio del poder público.

Y más desafiante aún, es que una vez que transite la elección de 2027, comenzarán una lucha interna, cada vez más pujante, por la sucesión de la gubernatura que ya se mira en el horizonte.

La tenebra

Se requieren reformas legales que permitan trastocar estructuras; sólo que parece que las componendas políticas son más fuertes que cualquier alternancia electoral.