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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / ¿Para qué sirve otra Alerta de Género?

La declaratoria de una segunda alerta por violencia de género en siete municipios mexiquenses por la desaparición de mujeres, exhibe el fracaso de las políticas públicas para proteger a un sector de la población profundamente vulnerable.

La primera alerta marcada hace cuatro años, se derivó de una creciente incidencia de feminicidios. Ahora, colectivos feministas han alertado sobre la desaparición de mujeres en prácticamente los mismos municipios.

Una alerta podría estar desvinculada de la otra, sin embargo, en una serie de conclusiones institucionales debe conllevar a la reflexión, y a la toma de decisiones para afrontar una problemática que lacera a cientos de familias.

No se trata de recurrir a los lugares comunes, para asumirse como especialistas de un tema que atañe con profunda especificidad a las mujeres. Pero lo más importante, es incidir en que el espectro institucional realmente transforme la realidad que hoy representa una amenaza para las mujeres sin importar su edad, su formación académica, su estrato social o su orientación sexual.

En primer lugar, se debe asumir que los esfuerzos gubernamentales han resultado insuficientes para atenuar la violencia en contra de las mujeres, dentro y fuera de los hogares. Y de paso, entender que la responsabilidad de protección a cualquier grupo vulnerable transita por el concurso de toda la sociedad civil.

La enseñanza más lacerante sobre esta segunda alerta, conlleva a reconocer que prevalece una profunda impunidad respecto de los crímenes de género. El victimario de los feminicidios o las desapariciones tiene su apuesta en que la procuración de justicia es tan deficiente y limitada que no alcanzará a castigarlo.

Una tercera reflexión, no menos importante, es que como en todo reto gubernamental prevalece una condición: los recursos financieros, humanos y estructurales son insuficientes. Más aún cuando se trata de involucrar a los gobiernos municipales, que en algunos casos de alta marginación, apenas tienen para pagar su nómina, desarrollar un poco de obra pública y atender los servicios públicos; rebasados en tiempo y circunstancia por desafíos del tejido social.

En paralelo, ya sea por diferencias ideológicas o problemas coyunturales, por más grupos de trabajo y convenios de colaboración que existan, sistemáticamente se puede concluir que los esfuerzos entre los gobiernos estatal y municipales, son aislados para contribuir a la solución de un problema común. Y esto tiene una segunda consecuencia: se duplican tareas, o bien, se deslindan responsabilidades, hasta perder el interés del momento circunstancial.

Luego de la primera alerta por violencia de género, podemos establecer que han transcurrido tres distintos gobiernos municipales y dos estatales con un síntoma en común: la falta de continuidad en los programas de gobierno y las políticas públicas que exigen de un seguimiento para poder ser evaluadas.

La posibilidad de contar con una segunda alerta de género debe abundar sobre estas conclusiones iniciales, para romper con las inercias que no arrojan resultados favorables y enderezar lo que haga falta para conseguir objetivos.

Pero lo más importante de ambas alertas, es visibilizar tanto los feminicidios como las desapariciones de mujeres, como problemas sistemáticos de un grupo social en determinadas zonas geográficas.

Aunque tampoco puede reducirse a casos aislados que ocurren en razón del entorno familiar o emocional de las víctimas, para justificar el alto grado de vulnerabilidad que padecen las mujeres. Y entender que no pueden asumirse decisiones en los municipios hoy estigmatizados, sino que implica el involucramiento de las zonas conurbadas como prevención del mediano plazo.

La segunda alerta de violencia de género, ahora por desapariciones, exige que los gobiernos vayan más allá de lo mediático. Implica reconocer diagnósticos del problema, y que esto permita tomar decisiones de largo alcance con el propósito de revertir las tendencias que hoy lastiman cualquier avance para las mujeres.

Mientras ocurra un feminicidio o exista una sola mujer desaparecida ninguna institución gubernamental involucrada con la protección, la defensa, el reconocimiento y el respeto de las mujeres puede sentirse satisfecha.

La tenebra

La televisión pública puede tener uno o tres canales, y hasta una agencia de noticias, pero que eso implique contratar los rostros y las voces defenestradas de la televisión comercial a un alto precio no parece tener mucha lógica ni mucho sentido. Es quizá, para quienes cobran bien, sólo un buen negocio.

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