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El Manual de Maquiavelo 04-09-2020

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Francisco Ledesma / La elección de los expresidentes

La eventual consulta ciudadana propuesta por Andrés Manuel López Obrador para juzgar a los expresidentes pretende construir un distractor hacia las elecciones intermedias de 2021, que permita diseñar un discurso disruptivo entre buenos y malos, para que los electores no se olviden de que un voto por Morena representa un clivaje respecto del viejo régimen, el mismo que estará representado por Salinas, Fox, Calderón y Peña en las boletas electorales.

Andrés Manuel es un experto en la comunicación política. En los últimos 20 años ha marcado la agenda pública de forma incesante, y en la estrategia electoral del año entrante no es la excepción. El tabasqueño asume anticipadamente que el desgaste en el ejercicio del poder repercutirá en una reducción de sus preferencias electorales -por un escenario inercial-; sin embargo, se mantiene como primera fuerza política y pretende afianzarlo en el terreno legislativo.

Con apenas 16 meses en el gobierno, López Obrador se encontró de frente con una emergencia sanitaria que ha colapsado distintas esferas del ámbito público y privado. Los efectos están a la vista: una desaceleración económica que se refleja en casi un millón de empleos perdidos y una incidencia delictiva agudizada a pesar de la creación de una Guardia Nacional. El balance es negativo cuando se piensa en las arengas electorales y la espotización de las campañas.

Con 15 gubernaturas en disputa, Morena tiene amplias expectativas de triunfo en estados hoy gobernados por el PRI, PAN, PRD y un independiente. En 2018, en siete de esas 15 entidades, el morenaje ganó las senadurías de mayoría, lo que arroja altas condiciones de ampliar su hegemonía en el poder público. Ahí, donde Morena resulta una posible alternancia, el discurso de rompimiento vende, engancha y conquista a los votantes.

En otros casos, como el Estado de México, Morena de nueva cuenta irá a la conquista de los 125 ayuntamientos -hoy gobierna 58 municipios-, e incluso en algunas presidencias municipales apostará por la reelección.

Lo cierto es que, en al menos 20 municipios el margen de victoria fue de menos del 5 por ciento, y enfrentará comicios altamente competidos. En otros 30 municipios, los hoy alcaldes se encontraron con el triunfo como resultado del efecto AMLO, pero en la práctica han sido una profunda decepción política. El voto de castigo podría regresar al poder al viejo régimen que fustiga la 4T.

Es ahí, donde López Obrador comprende que las campañas electorales deben concentrarse en la continuidad de su proyecto: porque se combate a un régimen corrupto de más de ocho décadas, se resquebraja al sistema neoliberal de los últimos 30 años y se sientan las bases de su transformación, pero 3 años resultan insuficientes; sin embargo, la impericia, la incapacidad, las limitaciones y hasta los excesos de distintos alcaldes han dilapidado su capital político.

En un primer momento, Andrés Manuel intentó realizar la consulta de revocación de mandato en las elecciones intermedias, lo que hubiera servido para elevar la expectativa de una alta votación por tener a López Obrador en las boletas.

Con la revocación pospuesta hasta el 2022, Andrés Manuel y los suyos han encontrado un recoveco perfecto para su campaña electoral: enjuiciar a los expresidentes, y que los votantes se vuelquen a las casillas como hace dos años.

Un alto abstencionismo beneficiaría a los partidos con estructuras electorales afianzadas en el terreno clientelar. Hoy, López Obrador tiene un amplio padrón de beneficiarios de sus programas asistenciales, pero no son garantía de votos.

La elección intermedia debería ser una evaluación a los primeros tres años del mandato de López Obrador, y una calificación para los alcaldes que hayan cumplido o no las expectativas de sus electores. No obstante, desde el pódium presidencial de las mañaneras se ha determinado que la elección se concentre en el juicio de los expresidentes por encima de las pruebas ministeriales y de los tribunales judiciales.

La tenebra

Los programas sociales ya no son garantía de voto clientelar. Los sindicatos ya no son el aparato elector corporativo. Las bardas no votan. Las redes sociales tampoco sufragan. Andrés Manuel sabe cómo conectar con sus votantes en las mañaneras, en las redes y en las calles. La oposición sin capacidad de reacción.

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