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El Manual de Maquiavelo

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Francisco Ledesma / La derrota moral de la oposición

La derrota moral a la que hizo referencia Andrés Manuel López Obrador en el mensaje político de su primer informe de gobierno se concentra en la agenda pública, la misma que el tabasqueño domina y de la que se ha apropiado desde hace casi una década, sin capacidad de respuesta por parte de la oposición.

Andrés Manuel puede sentirse satisfecho por su ejercicio de gobierno, pero particularmente mantiene confianza porque su mensaje permea en distintas esferas sociales, por encima de dogmas ideológicos o estratos socioeconómicos.

Ha pasado un año de la derrota electoral, sin que se pueda erigir un liderazgo opositor con suficiente calidad moral, elocuencia discursiva o trayectoria política que le pueda representar un contrapeso a la figura presidencial, que alcanzó la mayor cantidad de votos posibles en toda la vida democrática del país.

Paradójicamente, el expresidente Felipe Calderón es hasta ahora, la figura más emblemática, alimentada por el propio Andrés Manuel, con la que el actual gobierno federal discute y delibera todos los días para defender sus políticas públicas, acciones y toma de decisiones en el ejercicio del poder público.

Desde el Estado de México, el gobernador priísta, Alfredo Del Mazo ha asumido una postura institucional con el mandatario morenista, López Obrador. Sin embargo, en otros espacios del debate público las voces opositoras pasan inadvertidas o simplemente resultan inexistentes. Ahí se visibiliza la derrota.

En el Congreso local, cuando están por cumplir un año en funciones, la agenda legislativa y pública ha sido dominada por los temas de la Cuarta Transformación: los “privilegios” de los exgobernadores, la eliminación del fuero, la reducción de prerrogativas partidistas; así como asuntos regionales, con la abrogación de la Ley del Issemym y la discusión de la autonomía universitaria.

A nivel local, la dominancia de Morena opera de facto, al gobernar los municipios con mayor densidad poblacional, con mejores presupuestos públicos y alcaldes que en algunos casos, ya habían ocupado otros cargos de elección; mientras el priísmo pretende reinventarse desde municipios rurales sin la capacidad de interlocución que tienen sus homólogos en las zonas urbanizadas.

Otro golpe simbólico sobre la hegemonía de la agenda pública pudo exhibirse hace algunas semanas, cuando el senador Higinio Martínez rindió su primer informe legislativo. El músculo tuvo una capacidad convocatoria insuperable para quien pretenda disputarle notoriedad en los sectores político, económico y social. Sin ser un gran orador, Higinio atrajo los reflectores mediáticos.

Por si fuera poco, el avasallador triunfo de Morena les dotó de funcionarios federales con presencia pública y proyección mediática inevitable. Ahí se identifica a Delfina Gómez, responsable de los programas de bienestar en la entidad; y Horacio Duarte, subsecretario de Empleo, que en las próximas semanas podría regresar a San Lázaro para coordinar a la fracción morenista.

En la acera opositora, cada que alguien pretende fustigar al gobierno de Andrés Manuel, su capacidad de resonancia es mínima; algunos simplemente no tienen calidad moral para hacerlo, y con exceso, otros tantos han recurrido a fake news, o bulos en su acepción castellanizada, para descalificar al actual gobierno, lo que los ha difuminado del espectro de la credibilidad.

No obstante, eso no implica que el gobierno morenista no padezca un desgaste del poder público al paso del tiempo. Como en todo ejercicio de gobierno, López Obrador no podrá satisfacer todas las expectativas, ya sea por circunstancias institucionales, financieras o de temporalidad, pero hasta el momento no existe en el horizonte inmediato una interlocución que le haga frente.

Y sí, en algunos espacios de la deliberación, sus opositores han comenzado a perder la paciencia, y dejan de lado que, de los últimos cuatro procesos electorales presidenciales, en tres de ellos los votantes se decidieron por la alternancia política, lo que denota una decepción cortoplacista del gobierno.

El gobierno aún goza de una luna de miel, en gran medida por la incapacidad para construir un contrapeso a nivel nacional, y desde los estados. La derrota moral puede superarse, pero con una oposición menos beligerante y con mejores argumentos de los que hasta ahora se han lanzado a casi un año de mandato.

La tenebra

Algún dirigente estatal partidista piensa que “hay medios que lo quieren, y otros que no lo quieren”. El comentario no puede reducirse a una broma. Los medios no somos enemigos de la clase política. Tampoco se trata de quien no está conmigo está en mi contra. El periodismo pretende informar: trata de des-cubrir lo que el poder pretende en-cubrir. Puede ser que estemos acostumbrados a políticos tradicionales, o quizá sea que la clase política esté acostumbrada a otro tipo de periodistas.

 

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