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El candidato que nunca tendremos

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Juan Carlos Núñez Armas*

En estas fechas, la mayoría de partidos empiezan a desvelar la lista de nombres de quienes, a juicio de los dirigentes, resultan procedentes y viables a las candidaturas. Hombres y mujeres que serán postulados a cualquiera de los cargos de elección. Aunque algunos partidos pareciera que están a la pepena de personajes que levanten la votación y permitan ganar una que otra posición política. Así, vemos nombres que se repiten de pasados procesos, que logran ser elegidos de entre los muchos que aspiraban a ser considerados en la nominación partidista y que se quedarán en el camino con sus aspiraciones frustradas. Y no hay que olvidar que muchos ciudadanos también verán frustrado su deseo de que un aspirante, a quien veían con cualidades más que suficientes para ser un gran representante popular, llegara al cargo. A esas y esos ciudadanos va dirigido este artículo.

En el proceso local en marcha estarán en disputa 41 diputados federales, 75 diputados de la legislatura estatal (45 de mayoría y 30 de representación proporcional), 125 ayuntamientos integrados por igual número de alcaldes, 198 síndicos y mil 856 regidores. Aclaro que puede suceder que la Suprema Corte de Justicia de la Nación resuelva a favor de la más reciente reforma sobre el número de integrantes de los ayuntamientos mexiquenses y determine, en forma definitiva, la reducción de los cargos edilicios. Si esto sucede, muchos dirigentes de las élites políticas se verán en aprietos al no poder cumplir los ofrecimientos de candidaturas.

Pero entonces, cabe preguntarse ¿por qué volvemos a ver a las mismas personas?, ¿qué no hay otros?, ¿por qué vemos a una persona en otro partido?, ¿nos miente ahora y realmente piensa distinto a su anterior partido, o nos miente hace tiempo y verdaderamente nunca estuvo de acuerdo con la ideología y forma de actuar del partido anterior donde militaba?, ¿tal vez su deseo de poder lo lleva a cambiar sus creencias y se deja llevar por el pragmatismo momentáneo en aras de obtener algún cargo de elección?

Al responder a estos cuestionamientos encuentro una respuesta que engloba a todas las anteriores: nos faltan líderes y lideresas, no solamente al frente de una organización partidista, en los colegios, en las universidades, en los gobiernos, nos hacen falta en las ONG, en la sociedad civil en su conjunto. Líderes y lideresas que nos inspiren a alcanzar el éxito individual y social.

Se dice que la sociedad no siempre elige a las mejores personas para representarla y considerando que serán muchos los que vean malograda su aspiración, quisiera decirles que para ejercer liderazgo no se necesita un puesto político, sino el deseo de implicarse y el compromiso de dejar huella positiva. Teresa de Calcuta decía “si cada uno barriera el frente de su casa, el mundo estaría más limpio”. Si cada ciudadano hiciera lo propio en su familia, en su comunidad, en su municipio, distrito o estado, el país estaría mejor.

Necesitamos un modelo de liderazgo que, como apunta Robin Sharma en su libro “El líder que no tenía cargo”, lleve a las personas a seguir algunas pautas como: innovar su entorno, inspirar a sus compañeros, estar abierto al cambio, asumir responsabilidades por los resultados obtenidos y que entregarse sin reservas a mejorar el mundo en el que vive.

Los beneficios por las buenas acciones no llegan de manera inmediata, simplemente cosechamos lo que sembramos. Una buena acción, por pequeña que sea, trae consigo una buena recompensa. Dice Sharma que sólo debemos tener presente el TRE (trabajo realmente excepcional). Tenemos que aprender de los fracasos. Michael Jordan es un buen ejemplo para aprender porque es un jugador excepcional dado que aprendió de sus errores y decía “cada vez que entrenaba y me sentía cansado al punto de querer abandonar, cerraba los ojos y veía ese vestuario (del equipo en el que deseaba ser titular) sin mi nombre en un casillero. Eso hacía que me dieran más ganas de seguir entrenando. Y eso es lo que nos hace falta: seguir practicando y aprender de los errores del pasado.

Necesitamos tener disciplina para hacer lo importante y lo correcto, en lugar de lo fácil y divertido, repetir es una herramienta de aprendizaje. “Necesitamos que nos recuerden las cosas, más que nos las enseñen” decía Chesterton. Imagina llegar al final de tus días y darte cuenta que nunca te atreviste a cantar esa canción que te gustaba, que no tomaste una libreta y escribiste la frase que pensabas. No dejes que te invada la violencia de la mediocridad porque te hará tener una vida pobre y vacía. Tomemos conciencia de lo corto que es la vida y juguemos a lo grande, sin miedo al fracaso, o preocupándonos del que dirán.

Si quieres ayudar de corazón y dar algo a alguien, hazlo desinteresadamente, la vida te puso del lado del que ayuda y no del lado del que necesita ser ayudado, no es el momento de preocuparte y decir ¿por qué me pasa esto?, sino más bien ¿para qué estoy aquí? Como decía Theodore Roosevelt “haz lo que puedas, con lo que tengas y donde estés”. Por último, recordemos a Eduardo Galeano: “mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar al mundo”.

*El autor es Maestro en Administración Pública y Política Pública por ITESM. Y Máster en Comunicación y Marketing Político por la UNIR.

Twitter @juancarlosMX17

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