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EDITORIAL (17-09-2017)

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Luego de rendir protesta como gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo Maza dio a conocer las primeras pinceladas de lo que serán los cuatro ejes rectores de su mandato, que ponen de manifiesto las principales exigencias y demandas de la sociedad mexiquense, pero que deja en una profunda incertidumbre sobre cómo logrará revertir rezagos históricos para abatir la inseguridad, la pobreza, el desempleo y la corrupción.

En una primera promesa, Del Mazo ha comprometido que hará del Estado de México una de las entidades más seguras del país. El desafío parece abrumador por la incidencia de delitos de alto impacto como homicidios dolosos, violaciones, secuestros y robos; y advierte una estrategia corta, que en las promesas de campaña se limitó a la multiplicación de videocámaras y de apostar a las fuerzas policíacas para combatir la violencia, cuando se ha demostrado que la inseguridad no puede reducirse a la disuasión o persecución delictiva, sino a acciones que reconstituyan el tejido social y el espacio público.

TOLUCA, México, (Septiembre 15, 2017).- Alfredo del Mazo Maza, Gobernador Constitucional del Estado de México, durante su mensaje en el Teatro Morelos ante la clase política nacional y del Estado de México. Agencia MVT / Arturo Hernández.

La segunda premisa delmacista, ha transitado en reducir la pobreza como nunca antes. El panorama es desolador, cuando la política asistencial de los últimos años ha cimentado su funcionamiento en un mecanismo clientelar, que consiste en repartir recursos materiales o económicos a cambio de una movilización electoral. La estrategia social de los últimos 25 años ha revertido muy poco el círculo de marginación y carencias de los mexiquenses, mientras que la promesa de campaña del Salario Rosa parece destinada a cumplir con una expectativa clientelar, a pesar de que los intentos de Alfredo del Mazo pretendan alentar una herramienta de empoderamiento femenino, económico y social.

El gobierno que recién concluye, encabezado por Eruviel Ávila Villegas, privilegio una política populista que regalaba útiles escolares, lentes oftalmológicos, zapatos ortopédicos, despensas para adultos mayores; así como dinero en efectivo para estudiantes destacados, madres solteras, personas con discapacidad y demás sectores clientelares de su gobierno y su partido.

En dichos casos, reducir la violencia y la pobreza como nunca antes, representan promesas ambiguas, que poco se comprometen a consolidar el estado de bienestar que se ha propuesto de arranque.

En el tercer eje de Alfredo del Mazo, se ha proyectado generar el mayor número de empleos en la historia del Estado de México. El crecimiento de empleos del país de los últimos diez años parece inercial para conseguir la promesa. Empero, una de las exigencias de la clase trabajadora advierte la necesidad de que la creación de empleos ponga por delante que no sean de salarios precarios, porque fundamentalmente ahí se concentra el círculo de pobreza de los mexiquenses.

Finalmente, Del Mazo ha comprometido encabezar una cruzada contra la corrupción, en una batalla que parece una mera simulación desde el poder público. En el ámbito gubernamental se concentra las mayores especulaciones de conflicto de interés, y muy particularmente, desde el Grupo Atlacomulco, que arrastra con el estigma de ser la clase gobernante más corrupta del país, sumida en un socavón sin salida y la onerosidad de su riqueza patrimonial.

Alfredo del Mazo enfrentará retos necesarios y urgentes, que transitarán por la voluntad política, las limitaciones presupuestales y las capacidades de quienes encabecen su mandato; con la imperiosa condición de legitimar su acción de gobierno ante su reducido y cuestionado triunfo en los pasados comicios, que dejo la sensación de una elección de estado, un fraude en el conteo de votos y una amplia mayoría que voto en contra del partido en el poder.

 

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