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EDITORIAL (14-01-2019)

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El salinismo está muy vigente en el actual sexenio. A pesar de la repulsión manifiesta por parte del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador hacia el exmandatario, Carlos Salinas de Gortari, hay algunos matices que remiten al gobierno del priísta, en algún momento calificado como innombrable.

Ayer, Andrés Manuel López Obrador lanzó en Valle de Chalco el apoyo para adultos mayores, en la cuna del Programa Nacional Solidaridad (Pronasol) del salinismo. Allí, donde Salinas comenzó un proceso de urbanización y asistencialismo, tendiente al clientelismo electoral hace dos décadas, el presidente que promete la cuarta transformación puso en marcha su política de bienestar con la que, ahora sí, se afirma se abatirá la pobreza y marginación.

En el mismo lugar, que durante el mandato interino de Ignacio Pichardo promovió un inusitado desarrollo de infraestructura: electrificación, agua potable y pavimentación, y cuya fundación del municipio se consolidó en el sexenio del priísta, Emilio Chuayffet, bajo la denominación Valle de Chalco Solidaridad, para dar relumbrón a la política social del presidente más neoliberal de México.

Aquí mismo, ayer el gobernador, Alfredo Del Mazo, se adaptó a los nuevos tiempos, a la tolerancia política, para olvidar las diferencias partidistas y las divisiones ideológicas. Se despojó de los enconos y le reconoció a López Obrador su sensibilidad para apoyar a los adultos mayores con programas sociales.

En el municipio que fue visitado por el Papa Juan Pablo II durante el salinismo, para testificar la urbanización de una región profundamente marginada, colindante con el Distrito Federal; y que a la distancia padece las mismas condiciones de desigualdad. Allí López Obrador insistió en que la cuarta transformación va en serio, contra la corrupción y la pobreza de las familias.

En un municipio asolado por el abandono, donde seis de cada diez habitantes vive en condiciones de  pobreza, Andrés Manuel decidió instalar el programa social que mayor popularidad le imprimió cuando era jefe de gobierno de la hoy Ciudad de México. Aquí, en un estado que desde el pasado primero de enero es gobernador mayoritariamente por Morena en 58 de los 125 municipios.

En el emblemático Estado de México, el más poblado del país, cuna además del grupo político que gobernó la nación en el sexenio pasado. En menos de una semana, es también la segunda visita que realiza López Obrador a la entidad. Apenas el jueves anterior estuvo en Tlalnepantla para inaugurar el programa de capacitación para jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Desde Valle de Chalco, en el mediano plazo, Andrés Manuel López Obrador estará obligado a constatar que la Secretaría de Bienestar -y en general su proyecto de gobierno y el cambio de régimen que se propone- será más eficiente en el combate a la pobreza que la Secretaría de Desarrollo Social, aquella institución creada por Salinas para impulsar su Solidaridad, y que descansó en su ejecución en el fallido candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio.

Nada es casualidad en las acciones, discursos y estrategias de López Obrador, y su apuesta de bienestar desde Valle de Chalco advierte en desafío para demostrar que el cambio de régimen y de política económica será más eficaz que el neoliberalismo y sus programas asistenciales, que en casi tres décadas han demostrado su fracaso, donde millones de familias padecen de pobreza y exclusión, y aquí también se manifiestan en cada rincón del municipio.

Valle de Chalco ayer despertó a una nueva esperanza. Con la misma ilusión que les generó el salinismo hace 26 años con su Solidaridad; con una justificada desconfianza de superar la marginación; y sostenidamente con las mismas desigualdades y carencias de hace cinco sexenios.

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