Inicio Opinión EDITORIAL (08-01-2017)

EDITORIAL (08-01-2017)

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La agenda pública del año que inicia sostendrá una atención especial por la elección presidencial, que además implica comicios concurrentes en el Estado de México para renovar la legislatura estatal y las presidencias municipales.

No obstante, para la incipiente administración delmacista está claro que los desafíos no pueden limitarse a sus intereses políticos y su inaceptable injerencia en asuntos electorales. Es indispensable que el gobernador Del Mazo y su gabinete afronten con inmediatez las principales necesidades de los mexiquenses, y no perder más tiempo en otro año de comicios en la entidad.

Antes del mes de marzo, Alfredo Del Mazo deberá definir con prontitud el Plan Estatal de Desarrollo, que busca incidir en dos preocupaciones fundamentales para los mexiquenses: la inseguridad y la pobreza que lacera a millones de mexiquenses. Ahí es donde se exige un mayor énfasis, en dos rubros que por más políticas públicas y creación de burocracia sigue sin haber resultados.

No es casual, que las principales ofertas electorales de todos los partidos políticos y sus candidatos, vayan encaminados a abatir la inseguridad y cerrar las brechas de desigualdad persistentes. Lo cierto es que, las víctimas de la delincuencia y los grupos de mayor marginación, ya no aguantan más las persistentes meras buenas intenciones y cientos de decálogos incumplidos.

Por un lado, en los primeros meses de gobierno, Del Mazo ha enfrentado un escenario desolador, con una cruenta violencia, atribuible a una delincuencia común y al crimen organizado. La inseguridad, en su conjunto, no puede sólo  combatirse con cambios denominativos en las dependencias, y se requieren de fondo, ajustes estructurales en la ejecución de acciones y programas.

Por otra parte, la pobreza prevaleciente en zonas marginadas, también exige de un cambio de paradigma, que no se limite a programas asistenciales que se conviertan en estratagemas clientelares, que más allá de abatir la desigualdad busque su prevalencia con fines electorales. A esa condición, se suman otros elementos de preocupación económica tales como desempleo, precariedad salarial e inflación, cuya atención deben ser parte de sus políticas públicas.

El gobierno delmacista no puede esperar a superar la veda electoral para atender las principales exigencias de los mexiquenses, pero tampoco ese podrá ser un pretexto para actuar al margen o por encima de las leyes electorales.

Es imprescindible que en la tarea por resolver lo urgente, Alfredo Del Mazo asuma que las decisiones no pueden ser unipersonales, y los tiempos actuales requieren de un amplio diálogo social y del concurso de la sociedad civil.

En la medida en que Del Mazo pueda desmarcarse de sus antecesores en la forma de gobernar, y no sólo por distanciarse de los grupos políticos de los exgobernadores, podrá ganar la legitimidad que se puso en duda en las urnas, como corolario de una elección reñida y un triunfo de escaso margen.

Hasta ahora, el gobernador mexiquense sólo ha administrado la inercia, en un cierre de año de alta complejidad para su gobierno, ya sea por las dificultades presupuestales que le heredó la gestión eruvielista, o bien, por el imprevisto temblor del 19 de septiembre que desajustó su arranque de administración.

El año que apenas inicia, es una oportunidad histórica en su ansiada gubernatura que soñó desde hace siete años, con un presupuesto que arranca de cero y una emergencia ya superada; y donde se vuelve importante que la elección en puerta no sea un pretexto de distracción para su gobierno y su gabinete.

 

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