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Del Mazo hereda el poder de Atlacomulco y asciende a la gubernatura (3a parte)

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Francisco Ledesma

El triunfo electoral

En la víspera electoral, el gabinete federal desplegó una presencia inusual mediante la entrega de programas sociales, apoyos asistenciales y mecanismos clientelares, que pusieron de manifiesto dos elementos sustanciales: por un lado, que se trataría de la elección más competida en la historia política del Estado de México; por otra parte, que sería una campaña inequitativa, con un aparato de estado, una maquinaria partidista y un candidato oficial, que ejercería las facultades legales y metalegales para conseguir el triunfo electoral.

El PAN apareció en la delantera de las encuestas electorales. De entrada, el panismo local convenció a Josefina Vázquez Mota -excandidata presidencial- de contender por la gubernatura mexiquense. El PRI, secundaba las preferencias de la mano de su candidato Alfredo del Mazo Maza, con un alto índice de reconocimiento entre los votantes.

El PRD dibujó su estrategia en mantener sus principales bastiones, sabedor de que estaba fuera de competencia. Impuso como candidato al exalcalde de Nezahualcóyotl -el segundo municipio con más votantes-, Juan Zepeda, que actúo como esquirol de una contienda cuesta arriba, pero que garantizaba la hegemonía de los grupos políticos enquistados en la franquicia del perredismo mexiquense a cargo de Alternativa Democrática Nacional (ADN), que lidera Héctor Bautista, asentado en el mismo Neza, como cacicazgo de su grupo.

En tanto, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) con el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, había fraguado con meses de anticipación la candidatura de Delfina Gómez, una profesora de primaria que incursionó a la política por invitación del perredista, Higinio Martínez. En el año 2012, compitió por Movimiento Ciudadano y ganó la alcaldía de Texcoco -bastión electoral de Higinio- en contra del priísta, Manuel Cadena Morales. Tres años más tarde, ya abanderada por Morena, fue electa diputada federal por Texcoco, con el mayor número de votos de los legisladores morenistas a nivel nacional.

Hija de un albañil y una ama de casa, su candidatura conectó con fuerza entre el electorado, como si la elección se tratase de una lucha entre clases sociales. Por un lado, la profesora de primaria de origen humilde, que enfrentaba todo el aparato del estado, y la nominación de un candidato de prosapia, nieto e hijo de exgobernadores, y primo del presidente de México.

La elección se polarizó de principio a fin. La batalla atrajo las miradas nacionales, y Andrés Manuel López Obrador hizo campaña hombro con hombro de Delfina Gómez, lo que permitió que su candidatura creciera en conocimiento y preferencias; mientras que Alfredo del Mazo, nunca incrementó sus simpatías, y sólo mantuvo su intención del voto a costa de la estructura priísta.

Hacia mediados del mes de mayo, las encuestas electorales habían revertido el panorama inicial de la campaña. La panista Vázquez Mota se desfondó a un inexplicable cuarto lugar; mientras que Juan Zepeda había crecido paulatinamente para alcanzar el tercer sitio de la contienda.

En la punta, las encuestas marcaban un empate técnico entre Delfina Gómez y Alfredo del Mazo, por lo que difícilmente pronosticaban un ganador. Por la tendencia al alza de la primera, y a la baja del segundo, todos anticipaban que las líneas de preferencias se cruzarían. En los debates organizados por el órgano electoral, el mayor interés lo concitaban los punteros: Delfina y Del Mazo; y el resto de los candidatos enfocaban en ellos sus ataques para buscar que sus campañas tuvieran interés, o meterse a una competencia que ya era de dos.

Mientras Delfina acusaba al priísmo y su candidato, de una elección desigual y de Estado; mantenía con firmeza su llamado de posibilitar la transición y combatir la corrupción del poder público, la herencia dinástica de la política y terminar con años de atraso, pobreza, desempleo, marginación, analfabetismo, violencia, desolación y desesperanza.

En la acera de enfrente, Del Mazo sostenía que a pesar de los desafíos pendientes por resolver, era momento de dar un voto de confianza al partido en el poder, y advertía los riesgos de dar virajes hacia una izquierda radical como una amenaza de saltar al vacío, con lacerantes consecuencias a la estabilidad económica y la gobernabilidad del estado. Alfredo, junto con dirigentes priístas, además, lanzaban ataques hacia Delfina a quien tildaban de inexperta, manipulable y deshonesta a partir de su gestión como presidenta municipal de Texcoco.

La jornada electoral fue llena de tensión para ambos bandos. La participación quedó a deber, y el Instituto Electoral del Estado de México, aún más. A pesar de que los resultados de salida de las casas encuestadoras daban un empate técnico, el órgano electoral se apresuró a declarar ganador al priísta Alfredo del Mazo a partir de un conteo rápido de una muestra de casillas previamente establecido, pero que ni siquiera cumplió con las expectativas técnicas.

Al cierre de las casillas, en las primeras horas cuando llegaban a las juntas distritales los votos de zonas urbanas, el programa de resultados electorales preliminares daban una incipiente ventaja a la morenista, Delfina Gómez; pero en el transcurrir de las horas de la madrugada, el tablero se revirtió, con una abultada votación que favoreció a Del Mazo en las zonas rurales, particularmente asentadas en el Valle de Toluca; así como las regiones norte y sur de la entidad.

Alfredo del Mazo se declaró ganador. Entrada la noche dispuso de un pequeño festejo con la militancia en la sede del priísmo mexiquense, con verbena popular y un mensaje de agradecimiento a sus votantes. De madrugada, acompañado del gobernador Eruviel Ávila, se trasladó a Los Pinos, para festejar con todo el gabinete federal, y el presidente, Enrique Peña Nieto, que en su conjunto se habían desplegado en la operación, vigilancia y supervisión de todo el proceso electoral con una sola consigna: ganar la elección en la tierra natal de Peña Nieto, y hacer gobernador a Alfredo del Mazo Maza. La misión estaba cumplida.

El proceso postelectoral estuvo marcado por su triunfo apretado y cuestionado. La reducida ventaja, la tibieza de las autoridades electorales y la andanada de funcionarios federales, estatales y municipales haciendo campaña a favor de Alfredo del Mazo, dejaban la sensación de haber fraguado un fraude electoral en la etapa preelectoral y proselitista.

Sin embargo, la resistencia social fue precaria, carente de una movilización ciudadana de amplias dimensiones. Mientras que la oposición, basó su reclamo en escándalos mediáticos y arengas callejeras, pero aportó muy poco para demostrar las presuntas irregularidades electorales, quizá porque las reglas las hacen las élites políticas, los partidos y los candidatos, con los vacíos necesarios para caer en lo ilegal, y lograr la victoria quien ejecute las mejores trampas.

Con prontitud, otra vez el Instituto Electoral del Estado de México agilizó el cómputo final de la elección a mediados del mes de agosto, antes del plazo establecido legalmente. En las semanas subsecuentes, los órganos jurisdiccionales -ya sea el Tribunal Electoral Estatal y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación- validaron el triunfo delmacista, al desechar en su mayoría los argumentos que pugnaban por el recuento de votos o incluso por la nulidad de la elección.

Origen es destino

Alfredo del Mazo Maza se preparó desde muy niño para este momento. Desde sus primeros años, cuando estudiaba en el Argos de la ciudad de Metepec, mientras regresaba todas las tardes a hacer su tarea a la Casa Estado de México, que tenía la fortuna de habitar mientras su padre ocupaba el cargo de gobernador. En tantas y tantas comidas y tertulias familiares, cuando escuchaba a su padre hablar de su abuelo, otro exmandatario mexiquense, a quien no pudo conocer, pues murió catorce días después del nacimiento del hoy gobernador.

La formación de Del Mazo se fijó en el horizonte ser gobernador. Desde que estudiaba Administración de Empresas en el ITAM, y durante su posgrado en Harvard, Alfredo no perdió de vista su objetivo. No sólo se trataba de su instrucción académica sino de su educación política. Un hombre de finas formas, de voz mesurada y una cuidada imagen; de intenciones oscuras, soslayadas ambiciones y un toque de perversión política.

Esa dinastrocracia que tanto lacera a la militancia, y que tanto rechazo genera entre la sociedad civil, puso a Alfredo con condiciones que le han permitido tener una carrera política tan vertiginosa como ascendente. Con escasos doce años en el poder público ha conseguido convertirse en gobernador, en el estado más poblado del país, a través de una maquinaria clientelar que funciona como los engranes de un reloj, a pesar de los desaires, las desilusiones y las desesperanzas que le produce el partido a sus militantes de a pie.

Alfredo es el primogénito de tres hermanos dedicados a la política. Sus dos hermanos: Alejandro y Adrián, también han recibido el arropo del primo presidencial. Alejandro del Mazo es titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Antes, impulsado por el peñismo fue diputado federal por el Partido Verde. En tanto, Adrián es director general de autotransporte federal en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes que encabeza Gerardo Ruiz Esparza, uno de los más fieles delmacistas, secretario técnico del gabinete y secretario general de gobierno de Alfredo del Mazo González; secretario de comunicaciones mexiquense y de Comunicaciones y Transportes Federal, por prolongados once años de peñismo.

Del Mazo es heredero de una familia que percibe el poder público como un negocio familiar, herramienta que posibilita conseguir empleos, administrar intereses, construir fortunas y repetir el ciclo con las generaciones futuras.

Con su toma de protesta, se anticipa la reivindicación del Grupo Atlacomulco en la gubernatura del Estado de México. El ascenso de Alfredo del Mazo Maza -aunque nacido en Toluca-, simboliza el regreso del poder público, al mítico grupo que hasta ahora ha dado cinco gobernadores nativos: Isidro Fabela Alfaro, Alfredo del Mazo Vélez, Salvador Sánchez Colín,  Arturo Montiel Rojas y Enrique Peña Nieto; y otros tres vinculados a su élite política: Carlos Hank González, Alfredo del Mazo González, y Del Mazo Maza. Su momento se tardó en llegar, pero su proyección de infancia y su sueño de militante se ha cumplido.

Alfredo del Mazo Maza consiguió la hazaña, en tiempos muy distantes a los del partido único, pero logró imponerse, pese a la oposición, y con la oposición también colaboró para su triunfo. Alfredo III ha heredado el poder público, y desde el 16 de septiembre de 2017 ya es gobernador del Estado de México.

Primera Parte: Alfredo del Mazo Maza: El sueño a punto de cumplirse seis años después https://planamayor.com.mx/alfredo-del-mazo-maza-el-sueno-a-punto-de-cumplirse-seis-anos-despues/

Segunda Parte: Alfredo del Mazo: El Poder Dinástico https://planamayor.com.mx/alfredo-del-mazo-maza-el-poder-dinastico-2da-parte/

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