Francisco Ledesma / La falsa primera fuerza de oposición
El panismo enfrenta una crisis que no está dispuesto a enfrentar o de la que no pretende despertar, cuyas consecuencias pueden ser altamente costosas hacia las elecciones intermedias de 2027. La falsa premisa de presentarse como la primera fuerza de oposición, exhibe su falta de autocrítica, o bien, simplemente refleja que viven en una realidad muy alterada a su actualidad.
Lejos están aquellos tiempos en donde el PAN fue una opción de alternancia política frente al régimen priísta, cuando tuvo candidaturas competitivas en un frente de batalla abierto por José Luis Durán o Rubén Mendoza -con todo y su desastrosa campaña electoral-, pero que en las últimas elecciones debió retroceder sustancialmente, hasta perder su esencia política e ideológica.
En 2011, el PAN sucumbió hasta el tercer lugar, con una candidatura testimonial de Luis Felipe Bravo Mena; mientras que para 2017, las cosas fueron de mal en peor: ya con la ascendencia política de Enrique Vargas, el panismo se situó en cuarto lugar, con la postulación de Josefina Vázquez Mota -que perdió hace dos años una diputación federal en el falso imbatible bastión de Huixquilucan-.
Para 2023, el PAN no se presentó a la contienda. Apoyó la candidatura de Alejandra del Moral, quien nunca hizo sinergia con los panistas; el varguismo tampoco hizo nada para evitar el avance de Morena. Y de un plumazo, el otrora partido de oposición se desdibujó del espectro electoral mexiquense.
Hace un par de años, los votos del PRI hicieron que Enrique Vargas se convirtiera en senador de primera minoría. Tan inseguro estaba el panista de la hazaña electoral, que también se inscribió en la lista nacional de plurinominales de su partido, para evitar cualquier imprevisto en las urnas.
La coalición electoral del PAN con el PRI, tanto de 2021 como de 2024, ha provocado el desplazamiento político en municipios que hace veinte años eran un bastión del panismo. Hoy, simplemente han desaparecido del mapa político en ayuntamientos como Toluca, Tlalnepantla, Coacalco y Cuautitlán.
Su prioridad se ha reducido en ganar Huixquilucan, a costa del resto de posiciones panistas. Por lo que resulta un contrasentido que hoy, el panismo pretenda asumirse como primera fuerza de oposición, cuando apenas podría presumir de tener comités municipales activos y funcionales en una veintena de municipios mexiquenses. En el resto, tiene una presencia testimonial.
Está claro que el PAN podría competir en solitario: pero sus expectativas de triunfo serían altamente reducidas. Volverse aliar al PRI, significa sacrificar en el camino a liderazgos panistas que tienen mejor posicionamiento que priístas, en determinados municipios urbanos, de esos que son altamente poblados.
El PAN ha dejado de ser un partido doctrinario: ese que tuvo sus momentos lúcidos hace treinta años, para hoy adoptar una clase política pragmática que tiene carencias en su formación académica, ideológica y de servicio público.
En el peor escenario imaginable, durante los últimos años decenas de panistas han decidido a renunciar a su militancia, porque el partido está secuestrado en las decisiones de una cúpula, una élite política que asume que si no estás con ellos, es porque estás en su contra; o porque eres “chairo”, afirman en el discurso público. El descontento se ha extendido entre sus votantes.
Hoy el PAN dice estar abierto a candidaturas ciudadanas, siempre y cuando no trastoquen sus intereses asentados en Bosque Real. Se abre a nuevas candidaturas, porque entre los suyos ha perdido credibilidad, y ha sido incapaz de construir un liderazgo que concite simpatías, además de requerir quién invierta en sus campañas electorales.
