Francisco Ledesma / La defenestrada figura del diputado federal
Comenzó el proceso electoral 2027. A nivel federal se renovarán los 500 diputados federales, 300 de ellos de mayoría relativa y 200 de representación proporcional. En una posición de poder, cuya toma de decisiones está más encaminada a acuerdos de élites políticas, y por tanto, mantienen una red de incentivos muy alejada de sus votantes para incidir en su preferencia.
Es quizá, la figura de poder de menor recordación para los votantes, de las que estarán en disputa para las elecciones intermedias de 2027. Y quienes más alejados se mantienen del territorio, una vez que han logrado su victoria y asumen su cargo de elección desde San Lázaro.
Lo que sí determina la posición de los legisladores federales, es el margen de maniobra que puede sostener el grupo de poder para su gobernabilidad, o bien, la fuerza que pueda alcanzar el bloque de opositor, en el propósito de construir frenos y contrapesos desde el Poder Legislativo hacia el poder presidencial, que entrará a la mitad de su mandato, a partir de septiembre del año entrante.
En el mayor pragmatismo electoral, una diputación federal es visto como un escalón para un cargo en el futuro. No es necesariamente, un espacio de poder que se busque con la mira de incidir en la agenda parlamentaria del país.
Y si es difícil siquiera identificar al diputado federal que nos representa, mucho más complejo es reconocer qué iniciativa de ley ha presentado, que pueda implicar que cumplió con su oferta electoral para la agenda legislativa.
La gestión social también se ha perdido en el caminar de un diputado federal ya en funciones. Volverán al campo electoral hasta la próxima elección.
Vayamos a un ejemplo territorial. El distrito 27 de Metepec, donde he votado en las últimas cuatro elecciones federales. El resultado es asombroso.
En el 2015, el triunfo fue de Carolina Monroy. La entonces priísta, aprovechó ese encargo para asumir la secretaria general del PRI, y más tarde la dirigencia nacional priísta de forma interina. Tres años más tarde, reapareció en la boleta electoral, como candidata a alcaldesa, y perdió frente a Gabriela Gamboa.
Para las elecciones de 2018, resurgió Óscar González -exalcalde de Metepec en 2006-, y ganó la diputación federal. De un papel discreto en San Lázaro, ha hecho de los cargos parlamentarios una forma de vida permanente. Actualmente, se desempeña como diputado local por la vía plurinominal.
En 2021, la ambición de poder se mantuvo vigente. Ana Lilia Herrera ganó la curul federal. Se presentó como una de las diputadas opositoras más votadas de la elección. Impulsó su aspiración al más alto nivel, para ser la candidata a la gubernatura del Estado de México. Perdió la contienda interna frente a Alejandra del Moral. Herrera debió conformarse con la dirigencia estatal de su partido.
En los comicios más recientes, triunfó Wblester Santiago. De pocos destellos en la Cámara de Diputados, sus mayores luces han estado marcadas por el escándalo. Lo que está claro es su pretensión: ser el candidato del bloque oficialista por la presidencia municipal de Metepec.
Es tan poco atractivo el cargo de diputado federal, en lo económico y en lo político, que pocos pretenden reelegirse en la curul. Aprovechan su paso por San Lázaro para fortalecer sus relaciones políticas y construir su camino hacia el futuro electoral más inmediato.
Sin embargo, también en las referencias aquí analizadas, el cargo de diputado federal no necesariamente se ha reflejado en una victoria hacia la inmediatez.
De ese tamaño es el desafío electoral federal, encontrar las mujeres y hombres que realmente busquen una diputación con el propósito de incidir en la agenda parlamentaria del país, o bien, quienes únicamente buscan un salto de representación para acumular recorrido hacia cargos en el futuro de mediano plazo.
