El Universal y Mitofsky: lo que las encuestas dicen de la democracia rumbo a 2027

Vida Pública / Arturo Huicochea

Una encuesta puede decir quién va adelante. Dos encuestas, observadas con cuidado, pueden decir algo más importante: si la sociedad está inmóvil o si empieza a cambiar de posición. Eso es justamente lo interesante de las mediciones recientes de Buendía & Márquez para El Universal y de Consulta Mitofsky. Más que anunciar vencedores, ambas permiten observar el estado de la competencia política en México y, sobre todo, aquello que todavía no está resuelto.

La encuesta publicada por El Universal registra a Morena con 35% de las preferencias, al PAN con 11%, y al PRI y Movimiento Ciudadano con 9% cada uno. El dato que merece mayor atención, sin embargo, es otro: 28% de los entrevistados no expresa todavía una preferencia partidista. Al mismo tiempo, 43% considera que el país marcha mal o muy mal, frente a 41% que piensa que marcha bien.

Ese contraste es políticamente significativo. La evaluación del gobierno y la intención de voto no son la misma cosa. Un ciudadano puede desaprobar aspectos de la conducción del país y, aun así, no encontrar una alternativa que le resulte convincente. También puede aprobar al gobierno sin haber decidido cómo votará en una elección intermedia.

Mitofsky ayuda a observar la tendencia. En su comparación anual, Morena se mantiene prácticamente estable: pasa de 33.5 a 33.4%. En cambio, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano crecen en conjunto de 26 a 35%. El PRI pasa de 7.3 a 10.4%, mientras disminuye el porcentaje de personas que no manifiestan preferencia.

Esto no autoriza a concluir que exista una alternancia en marcha. Tampoco permite afirmar que el oficialismo haya perdido su posición dominante. Lo que sí permite decir es que existe movilidad electoral.

Y ése es un dato democrático relevante.

La ciencia política distingue entre apoyo al gobierno, identificación partidista, evaluación del desempeño e intención de voto. Son variables relacionadas, pero no equivalentes. Las democracias competitivas se construyen precisamente en ese espacio de incertidumbre en el que los ciudadanos pueden premiar, castigar, cambiar de preferencia o simplemente esperar antes de decidir.

Desde esa perspectiva, las encuestas contienen una lección para todos.

Para Morena, conservar la primera posición no debería significar asumir que el respaldo electoral es inercial o irreversible. Gobernar implica renovar confianza continuamente. La ventaja electoral es una condición favorable, no un patrimonio permanente.

Para la oposición, el aprendizaje es igualmente exigente. El desgaste del gobierno, cuando existe, no produce automáticamente votos opositores. La crítica puede señalar problemas, pero no sustituye una propuesta. Para competir se necesita credibilidad, organización, buenos gobiernos, candidatos aceptables y capacidad de demostrar que una alternativa puede ser mejor, no solamente diferente.

En ese terreno el PRI enfrenta una prueba especialmente interesante. Las mediciones muestran cierta recuperación, pero también evidencian que todavía debe superar niveles importantes de rechazo. Su desafío, por tanto, no consiste simplemente en recuperar antiguos electores, sino en reconstruir confianza entre ciudadanos que quizá nunca se hayan considerado priistas.

Eso, paradójicamente, es saludable para todos.

La democracia mejora cuando ningún partido puede dar por seguros sus votos; cuando quien gobierna sabe que debe rendir cuentas y quien aspira a sustituirlo sabe que debe merecer la confianza ciudadana.

Por eso el dato más importante de estas encuestas quizá no sea el 35, el 11, el 10 o el 9 por ciento.

Es el espacio todavía abierto entre ellos.

Ahí viven la deliberación, la competencia y la posibilidad de cambiar de opinión.

Ahí, en realidad, vive la democracia.

@HuicocheaAlanis