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Eruviel Ávila ha mostrado de nueva cuenta su desaire hacia Toluca, la capital mexiquense. El gobernador del estado, oriundo de Ecatepec, ha decidido llevarse el festejo de la fundación de la entidad al Valle de México, y muy específicamente a Texcoco. El próximo sábado 2 de marzo, se cumplen 189 años de la fundación de la tierra natal de Enrique Peña Nieto, y por primera ocasión la celebración se efectuará fuera de Toluca. Ávila festejará con los suyos en el Centro Cultural al oriente de la entidad.

Importante será ver el poder de convocatoria de Ávila. Obligado está de invitar a por lo menos la mitad del gabinete presidencial identificado con el Estado de México. El riesgo es que en el evento el mandatario sea opacado, como ocurrió con motivo de su primer informe de gobierno, apenas en septiembre pasado, cuando la presencia de Peña Nieto simplemente hizo que Eruviel pasara desapercibido. El presidencialismo se ha vuelto la gran amenaza del gobernador, y su propio proyecto político.

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La situación de inseguridad resulta tan insostenible en el Estado de México, que Televisa dedicará tres reportajes que desnudarán el caos de violencia en que está vuelto la entidad. La televisora que tanto promociona a Eruviel, hasta ridiculizarlo en la muy gustada sección de Las Mangas del Chaleco, ahora arremetió en contra del mandatario y su muy magra gestión. Algo anda mal en la relación entre Emilio Azcárraga y el gobierno estatal.

Ayer arrancó con la documentación de extorsiones de la que son víctimas transportistas en el Valle de México. Este martes tocará el turno a la incidencia de feminicidios que siguen presentándose, y que permanecen además impunes. Y para rematar, el miércoles cerrarán con la acreditación de la presencia del narcotráfico y las ejecuciones que se acumulan por decenas, y que se han disparado exponencialmente en el año en curso.

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La crisis que atraviesa el PAN mexiquense parece inusitada. Nunca en su historia había registrado un descenso tan pronunciado, ni una fractura tan irreconciliable. El reto de quien finalmente se quede con el control del partido parece cuesta arriba para los comicios de 2015. El más beneficiado con la debacle blanquiazul es el priísmo, y la ecuación no parece tan irrefutable cuando el ex priísta Ulises Ramírez tiene el manejo del panismo.

Ramírez formó parte en su momento, del grupo político que encabezaba Abraham Talavera, y al que pertenecía entre otros Rubén Mendoza y Carlos Iriarte. Con el tiempo Ulises y Mendoza acabaron de panista. Iriarte se refugió en la estructura montielista que dio vida a los llamados Golden boys. El corazón de Mendoza fue perredista, luego priista y otra vez de izquierda. Mientras que Ulises parece trabajar para el PRI desde el PAN.

 

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