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El Manual de Maquiavelo

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El Encono

 

Francisco Ledesma

La designación del candidato del PRI para la gubernatura mexiquense se ha tropezado con un encono histórico, y del que se encuentran pocas salidas que eviten por decir lo menos las cicatrices, por decir lo más las fracturas entre grupos políticos que detentan el poder desde hace más de tres décadas.

Encumbrados en la estructura gubernamental, los ex mandatarios Alfredo del Mazo González y Emilio Chuayffet Chemor pretenden heredar al poder a sus hijos. Del Mazo González a su hijo biológico del mismo nombre y alcalde de Huixquilucan. Chuayffet a su hijo político de nombre Ernesto.

Con diferencias históricas, que se profundizaron en el año 2003, cuando Vicente Fox pactó con Arturo Montiel avalar la reforma fiscal que incluiría establecer IVA en alimentos y medicinas.

En ese entonces, Montiel viajó a Francia, lugar donde encontró el amor de sus segundas nupcias, y en ese periodo encargó a Isidro Pastor –entonces dirigente estatal del PRI- la votación legislativa de la reforma hacendaria. Chuayffet y Del Mazo eran diputados federales.

Isidro se indisciplinó y frenó el IVA en alimentos y medicinas. Allí perdió la candidatura a Gobernador. Del Mazo estalló y se retiró de su curul. En lo inmediato, sobrevino la defenestración de Elba Esther Gordillo como coordinadora del PRI en San Lázaro.

Emilio fue el gran triunfador al quedar como coordinador de los legisladores federales. Elba Esther, rencorosa como se le conoce, nunca lo perdonó. Y Alfredo del Mazo tomó como una deslealtad lo hecho por Isidro y Chuayffet.

Hoy, como una rueda de la fortuna, los polos opuestos se vuelven a encontrar. En el último evento masivo del PRI, ni Emilio, ni Alfredo asistieron. El mensaje: No hay acuerdo sobre la candidatura.

Del Mazo y Chuayffet, con vastas cosas en común. Fueron gobernadores del Estado de México. Quisieron ser Presidentes de México. Al primero, le ganó en la carrera Salinas. Al segundo lo descarriló el caso de Acteal en Chiapas.

Nunca como hoy un gobernador mexiquense–como es el caso de Peña Nieto- había estado tan cerca de alcanzar Los Pinos, pero entrampado en esa misma circunstancia, nunca como antes su decisión sucesoria había estado tan comprometida y tan vigilada por sus antecesores. A esa suma de factores no hay que olvidar a Montiel, quien le heredó el cargo a Peña.

La palabra “compromiso” en el lema del gobierno peñista, más allá del estratagema mercadológico, se enreda en la serie de componendas políticas que ha tenido, tiene y no termina de pagar.

Si se revisa el Gabinete de Peña Nieto, se encontrará esa misma división. Curi, Abaid Kado y Carolina Monroy jugando con Chuayffet. Ruiz Esparza, David Garay y David López del lado de Alfredo.

En la búsqueda de alternativas, se adiciona el conflicto personal que mantiene Emilio Chuayffet con Luis Videgaray –un aliado y consentido directo de Peña-, de formación tecnócrata, experto en finanzas pero que ha tenido que pagar el costo de su noviciado político. En la praxis, el egresado del ITAM ha desestimado la jerarquía del todopoderoso ex gobernador, y no ha calculado en más de una ocasión que en política la forma es fondo.

 

La tenebra

El próximo 2 de marzo será fecha clave en la sucesión de Peña Nieto. Ahí se deberán dar señales del ungido. Mientras que, después del 4 de marzo que Humberto Moreira asuma la dirigencia nacional del PRI, tanto la estructura estatal del partido como la Secretaría General de Gobierno deberán transitar a una serie de cambios en las direcciones regionales con miras a la operación electoral, y lograr su ambiciosa meta de 3.4 millones de votos.

Se sigue insistiendo en que Luis Miranda puede convertirse en presidente del PRI en la entidad. La versión es de los cercanos a Ricardo Aguilar que lo quieren ver de candidato. Y la misma, es sostenida por colaboradores de Carlos Iriarte que desean que el ex director de la policía asuma el cargo de Miranda.

 

 

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