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OFF THE RÉCORD

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A todo quien lo quiera escuchar, el gobernador Eruviel Ávila Villegas confirma que no formará parte del gabinete de Enrique Peña Nieto en el gobierno federal. La firme intención del mandatario mexiquense es permanecer al frente de la gubernatura por el periodo de seis años para el que fue electo. Las malas voces al interior de la clase política mexiquense insisten en su defenestración cuando cumpla dos años de gestión, y su inclusión en alguna cartera del gobierno federal que encabezará Enrique Peña.

Para el imaginario de Eruviel y sus allegados, el régimen político que presidirá Peña Nieto a partir de diciembre como Presidente de México, hará imposible que quite o imponga gobernantes como ocurrió en el pasado priísta. Confiados en su poder político, Eruviel y los suyos, están convencidos que nada arrebatará a la mala,  lo que aseguran ganaron a la buena. El proyecto político es de largo plazo, y no se reduce a escasos dos años, su esquema es sexenal como se pensó de origen.

Muy por el contrario. Eruviel piensa –en grande- y anticipadamente en la sucesión desde el Valle de México. El presidente del partido, Raúl Domínguez Rex es parte de su proyecto. Desde que Montiel dirigió el partido y se convirtió en gobernador, no hay líder priísta que no lo piense. Pero la parte más visible por ahora es Erasto Martínez convertido en el poderoso secretario de Finanzas y el hombre de mayor confianza de la estructura eruvielista. La carrera sucesoria está en marcha muy anticipadamente.

El empoderamiento del Valle de México ya alcanzó la gubernatura, el partido, sus sectores, y ahora va por la Legislatura local. El encumbramiento de Aarón Urbina como presidente de la Junta de Coordinación Política, le permitirá tomar el control político, parlamentario y administrativo del Poder Legislativo. Como nunca antes, el desplazamiento del Valle de México sobre los “tolucos” es innegable, sin freno, y evidente. Hoy tienen y disfrutan del poder, difícil que se deshagan de él en dos años.

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La psicosis social que generaron las redes sociales hace un par de semanas en Neza superó a la ficción, y hoy la realidad se topó con pared, y debió hacer frente a la política ficción. La presencia del Ejército Mexicano en la zona oriente del estado refleja que se menospreció lo que usuarios de tuiter denunciaron, desestimaron los presuntos rumores y se debió esperar al asesinato de un diputado –cuyo móvil apunta a lo pasional- para dar respuesta al temor colectivo expresado hace quince días.

A la distancia, la cruenta violencia sí es preocupante no sólo para la población sino para el gobierno, que obligado por la circunstancia ha recurrido a la presencia de las fuerzas castrenses. Las policías municipales actúan agazapadas en el Estado de México, sabedoras de que su poder de fuerza es incomparable en comparación con el crimen organizado. Lo que se vive en Neza no es nada nuevo, es resultado de años de abandono, de omisión, de negligencia y de indiferencia frente al reclamo social.

 

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