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OFF THE RÉCORD

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A pesar de las múltiples detenciones hechas por la Policía Estatal. Aun cuando las ejecuciones que brotan por el estado. Pese a la proliferación de consumo de estupefacientes. Y frente a la aparición recurrente de narcomantas en la entidad. La negación es sistemática. Las autoridades policíacas rechazan en lo rotundo y en lo absoluto que existan cárteles del narcotráfico operando en la entidad. Parece entonces que la pelea de la plaza es un cuento de ciencia ficción para quienes insisten en que los asesinatos son casos aislados.

Salvador Neme Sastré es la voz cantante de los grandes operativos. Todas las grandes detenciones se atribuyen a la Policía Estatal. Son tantas las capturas, que se desconoce en qué espacios carcelarios cabe tanto criminal. El Estado de México está infestado por la delincuencia organizada. Las policías municipales están infiltradas por grupos criminales. Es inimaginable que las bandas delictivas operen sin la permisividad de los cuerpos policíacos. Simple y llano.

El procurador Miguel Ángel Contreras Nieto duerme en sus laureles. El ex comisionado de Derechos Humanos guarda un riesgoso bajo perfil. Da la mala impresión de que la policía ministerial está echada en la hamaca. Ni hace operativos, ni detiene delincuentes, ni cumplimenta órdenes de aprehensión. Desde la salida de Alfredo Castillo, el nuevo procurador sólo se atribuyó el esclarecimiento del homicidio pasional del diputado local, Jaime Serrano.

En la geografía estatal las cosas parecen claras. Toluca es el centro de distribución. La capital financiera del narco. El refugio de los grandes capos es Huixquilucan y su zona residencial. Luvianos es lugar de siembra, ahí está la producción de mariguana. Mientras que Ecatepec y Neza son las regiones de mayor consumo. Todo mundo lo sabe, menos las autoridades, que dan garbanzos de a libra y no tiros de precisión para atacar al crimen organizado.

Por si fuera poco, la certificación de policías estatales, ministeriales y municipales en centros de control de confianza camina a paso de tortuga. Los procedimientos para dar de baja a los malos elementos carecen de argumentos administrativos. La deserción de los elementos en las diversas policías también es alarmante. No hay servicio civil de carrera. Todo viene con la improvisación. No basta con conferencias de prensa para reconocer a la tropa. Porque tampoco hay programas de recompensas para los buenos policías.

Hay cosas que simplemente no funcionan. La estrategia de la Secretaría de Seguridad Ciudadana parece una guerra de policías contra ladrones. No hay expectativa de una estrategia transversal, que involucre a más dependencias, que revierta la situación de los adictos a las drogas, y de involucrar a jóvenes en oportunidades laborales y actividades recreativas. El cambio de nombre y membrete no apuntala hasta ahora un cambio en el combate al crimen.

 

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